Colombia debería tomarse con absoluta seriedad la advertencia sobre los territorios que podrían enfrentar dificultades por el fenómeno de El Niño. El Ministerio de Vivienda identificó 558 municipios y áreas no municipalizadas con niveles alto y muy alto de riesgo, principalmente por una posible reducción en la disponibilidad de agua, afectaciones en los sistemas de acueducto, incendios forestales y deterioro de la calidad del recurso.
Más que una cifra para generar alarma, este diagnóstico debería convertirse en una señal de prevención. El verdadero problema no será solamente la llegada de temperaturas elevadas o la disminución de las lluvias, sino la capacidad que tengan los territorios para garantizar agua potable cuando las fuentes hídricas comiencen a sentir una mayor presión.
Y aquí aparece una de las principales debilidades del país: Colombia suele reaccionar con mayor rapidez cuando la emergencia ya ocurrió que cuando existen señales suficientes para anticiparla. Si las autoridades conocen cuáles son los municipios con mayor exposición, no tendría sentido esperar a que los acueductos comiencen a presentar dificultades, los incendios se multipliquen o las comunidades tengan que enfrentar restricciones para empezar a actuar.
La advertencia también obliga a mirar más allá del fenómeno climático. El Niño puede convertirse en un multiplicador de problemas que ya existen: sistemas de abastecimiento vulnerables, infraestructura insuficiente, pérdidas de agua, deficiente planificación territorial y limitada capacidad de respuesta de algunos municipios.
Por eso, la prevención no puede reducirse a pedirle a los ciudadanos que ahorren agua. Esa responsabilidad también corresponde a alcaldías, gobernaciones, empresas prestadoras de servicios públicos y entidades nacionales. Se necesitan planes de contingencia actualizados, vigilancia permanente de las fuentes hídricas, mantenimiento de los sistemas de acueducto y capacidad logística para responder ante eventuales emergencias.
El propio Ministerio de Vivienda ha insistido en que las autoridades territoriales deben acelerar las medidas de adaptación y fortalecer la preparación. (Minvivienda) Además, el Gobierno nacional ya había adoptado medidas de carácter preventivo ante los posibles efectos de El Niño durante este periodo. (UNGRD)
El desafío, entonces, no consiste únicamente en sobrevivir a una temporada de calor. Consiste en demostrar si Colombia aprendió algo de las emergencias anteriores y si es capaz de anticiparse a ellas.
El agua no puede ser administrada bajo la lógica de la emergencia. Cuando un municipio se queda sin agua, la prevención ya llegó tarde. La advertencia de MinVivienda debería servir precisamente para evitar que ese escenario se convierta en realidad.
Fuente: BLU Radio y Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio.
Emisora Fusaonline