La actividad sísmica registrada recientemente en el departamento del Tolima ha generado inquietud entre habitantes de varias zonas del país y también ha reavivado una pregunta frecuente: ¿existe alguna relación entre el fenómeno de El Niño, las altas temperaturas y la ocurrencia de temblores?
Mónica Arcila, directora de Geoamenazas del Servicio Geológico Colombiano, explicó que no existe evidencia que permita establecer una relación entre los fenómenos climáticos asociados a El Niño y los movimientos sísmicos. La funcionaria señaló que atribuir los temblores al calor extremo, las sequías o las lluvias corresponde a una creencia popular que no está respaldada por la explicación científica de estos fenómenos.
La aclaración se produjo en medio de la actividad sísmica registrada en la zona de Chaparral, Tolima. De acuerdo con el Servicio Geológico Colombiano, allí se presentó una secuencia de movimientos sísmicos que ha sido ampliamente percibida por las poblaciones cercanas debido a que los eventos son superficiales.
Según explicó Arcila, una de las hipótesis que estudia el Servicio Geológico Colombiano es que parte de esta actividad pueda estar relacionada con los procesos de reacomodamiento que ocurren después de un sismo de mayor magnitud. La entidad analiza si existe una transferencia de esfuerzos en las estructuras geológicas como consecuencia del terremoto ocurrido en agosto.
La directora de Geoamenazas explicó que el territorio colombiano se encuentra en una zona de alta actividad tectónica, debido a la interacción de diferentes placas. El terremoto ocurrido en agosto se originó en una placa tectónica que se introduce por debajo del occidente de Sudamérica, mientras que algunos de los movimientos registrados posteriormente en Colombia se presentan en la placa superior.
Este contexto geológico permite entender por qué pueden producirse secuencias sísmicas posteriores a un terremoto de mayor magnitud. Sin embargo, esto no significa que sea posible establecer con anticipación cuándo ocurrirá un nuevo sismo ni determinar exactamente dónde se producirá.
Frente a la creencia de que el calor intenso puede anunciar un temblor, Arcila fue enfática en señalar que no existe una correlación científica que permita hacer esa predicción. Los sismos corresponden a procesos relacionados con la dinámica interna de la Tierra, mientras que fenómenos como El Niño se desarrollan principalmente en la atmósfera.
El Servicio Geológico Colombiano recuerda que Colombia es un país sísmicamente activo y que los movimientos telúricos hacen parte de la dinámica natural del territorio. Por esta razón, la recomendación de las autoridades no es intentar anticipar los sismos a partir de las condiciones meteorológicas, sino fortalecer la preparación y reducir las condiciones de vulnerabilidad.
Entre las medidas señaladas se encuentra revisar las condiciones de las viviendas, identificar elementos que puedan caer durante un movimiento fuerte y adoptar medidas que permitan disminuir el riesgo de lesiones o daños.
De esta manera, el mensaje del Servicio Geológico Colombiano es claro: las altas temperaturas, las sequías o el fenómeno de El Niño no pueden utilizarse como indicadores para anticipar un terremoto. La actividad sísmica debe analizarse desde la dinámica tectónica y geológica del territorio.
Fuente: Caracol Radio, entrevista a Mónica Arcila, directora de Geoamenazas del Servicio Geológico Colombiano.
Emisora Fusaonline