En un giro que combina estética y autocuidado, Colombia registra un auge notable en la preferencia por esmaltes tradicionales frente a los tratamientos de larga duración. Según reportes recientes del mercado de belleza, las ventas de esmaltes convencionales crecieron más del 15 % en el último año, impulsadas precisamente por el movimiento conocido como Wellness Nails.
Esta tendencia —que prioriza la salud y la recuperación de las uñas sobre la durabilidad extrema— responde a una creciente conciencia sobre los efectos de los esmaltes semipermanentes y en gel. El uso prolongado de estos productos, junto con limados agresivos y remociones químicas frecuentes, puede debilitar la lámina ungueal, provocar quebraduras, adelgazamiento y hasta enmascarar problemas subyacentes.
Expertos en dermatología y manicuristas coinciden: lo que antes se consideraba sinónimo de uñas “perfectas” (brillo impecable por semanas) ahora genera cuestionamientos. La skinification de las manos —tratar las uñas con la misma lógica de hidratación, nutrición y descanso que aplicamos al rostro— gana terreno. Aceites fortalecedores, esmaltes libres de tóxicos agresivos y periodos sin recubrimientos permanentes se convierten en el nuevo estándar de belleza responsable.
El fenómeno no solo es estético; refleja un cambio cultural más amplio hacia el bienestar integral. En salones y redes sociales, cada vez más clientas optan por manicuras naturales, tonos neutros y uñas cortas pero fuertes, en lugar de sacrificar salud por apariencia.
¿Estamos ante el ocaso de la manicura permanente tal como la conocíamos? Todo indica que sí: la prioridad ya no es cuánto dura el color, sino cuánto tiempo las uñas permanecen sanas. En 2026, cuidarlas podría ser el verdadero lujo.
Fuente: BluRadio
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