Etiopía vuelve a la guerra y crece el temor a un conflicto regional

Cuatro años después del acuerdo que puso fin a la guerra civil en Etiopía, los enfrentamientos volvieron a intensificarse en el norte del país, especialmente en la región de Tigray. Las fuerzas federales y una alianza de grupos rebeldes encabezada por el Frente Popular de Liberación de Tigray se enfrentan nuevamente, mientras aumenta la preocupación por una posible expansión de la violencia hacia otros países del Cuerno de África. 

La nueva escalada tiene como uno de sus principales escenarios a Tigray. Las fuerzas gubernamentales han avanzado hacia Mekelle, capital regional, mientras los grupos opositores han protagonizado operaciones en diferentes zonas. El recrudecimiento de los combates también ha alcanzado áreas de las regiones vecinas de Amhara y Afar.

La situación representa un nuevo capítulo de un conflicto que había terminado formalmente con el Acuerdo de Pretoria, alcanzado con mediación de la Unión Africana. Sin embargo, quedaron pendientes asuntos como el desarme completo de las fuerzas de Tigray, las disputas territoriales y el retorno de cientos de miles de personas desplazadas durante la guerra anterior. 

En los últimos meses, las tensiones políticas y militares fueron aumentando. El Frente Popular de Liberación de Tigray se incorporó a una alianza con otros grupos armados y opositores que plantea un cambio de Gobierno. La respuesta de las autoridades etíopes ha sido el despliegue de fuerzas militares y milicias aliadas.

La crisis también está teniendo consecuencias humanitarias. Organizaciones de ayuda han reportado un incremento considerable de personas heridas y desplazadas, mientras la posibilidad de que los combates alcancen zonas urbanas ha provocado el cierre de establecimientos y dificultades para mantener las actividades económicas y la atención humanitaria. 

Uno de los elementos que diferencia la situación actual de la guerra anterior es el cambio en las alianzas regionales. Eritrea, que durante el conflicto anterior respaldó al Gobierno etíope contra las fuerzas de Tigray, actualmente mantiene una relación enfrentada con Adís Abeba. Etiopía acusa a Eritrea de apoyar a sus adversarios, señalamiento que el Gobierno eritreo rechaza. 

La disputa también está relacionada con el acceso de Etiopía al mar Rojo. El país perdió su salida al mar tras la independencia de Eritrea y actualmente depende principalmente de Yibuti para su comercio marítimo. Las declaraciones del Gobierno etíope sobre la necesidad de recuperar un acceso directo al mar han aumentado la preocupación en Eritrea.

A esta situación se suman las tensiones de Etiopía con Sudán y Egipto. Sudán atraviesa su propia guerra civil y existen acusaciones cruzadas entre Jartum y Adís Abeba sobre el apoyo a grupos armados. Egipto, por su parte, mantiene desde hace años una disputa con Etiopía por el uso de las aguas del Nilo y la Gran Presa del Renacimiento Etíope. 

La coincidencia de estos conflictos ha generado preocupación entre actores internacionales por una eventual internacionalización de la crisis. La Unión Africana ha llamado a las partes a contener la violencia, mientras las tensiones diplomáticas entre Etiopía y algunos de sus vecinos continúan aumentando.

Aunque una guerra regional no es inevitable, la combinación de los enfrentamientos internos de Etiopía, las tensiones con Eritrea, la guerra en Sudán y las diferencias con Egipto convierte la situación en un asunto de importancia para la estabilidad del Cuerno de África y de las rutas estratégicas del mar Rojo. 

Fuente: France 24

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