Por estos días, cuando los expertos hablan de la llegada de un Fenómeno de El Niño más intenso y prolongado de lo habitual, la preocupación no solo gira alrededor de las altas temperaturas que tendremos que soportar. El verdadero problema está en las consecuencias que estas condiciones climáticas pueden traer para el abastecimiento de agua, la producción agrícola y el desarrollo de las actividades domésticas, industriales y agropecuarias.
Precisamente por esta situación, diferentes entidades han encendido las alarmas. La directora de la CAR Sumapaz, Erika Álvarez Castañeda, hizo un llamado a los ciudadanos para hacer un uso racional del agua y anunció que la autoridad ambiental realizará un seguimiento permanente para evitar el desperdicio de este valioso recurso.
Sin embargo, más allá de las advertencias y los planes institucionales, existe una realidad que muchas veces preferimos ignorar: la falta de cultura ciudadana.
Durante una conversación sostenida con el gerente de la Empresa de Servicios Públicos de Fusagasugá, Emserfusa, Carlos Lesser, y con Luis Eduardo, uno de los trabajadores encargados del barrido del Parque Principal, quedó en evidencia que gran parte de los problemas ambientales tienen origen en nuestros propios comportamientos. Basuras arrojadas a las calles, residuos que terminan en los sistemas de alcantarillado, desperdicio de agua y prácticas inadecuadas que aumentan la contaminación son situaciones cotidianas que terminan pasando factura a toda la comunidad.
La falta de cultura ciudadana no solamente incrementa los costos operativos de las empresas encargadas de prestar los servicios públicos, sino que también contribuye al deterioro ambiental y agrava los efectos del cambio climático que hoy afectan a todo el planeta.
Mientras las autoridades trabajan en la búsqueda de soluciones, como la construcción de reservorios que permitan almacenar agua para enfrentar futuras temporadas de sequía, también es necesario reconocer que muchas de estas obras debieron planearse y ejecutarse años atrás. Hoy la realidad obliga a acelerar los esfuerzos para garantizar el abastecimiento de agua a miles de familias fusagasugueñas.
El gerente de Emserfusa fue claro al advertir que, aunque se vienen desarrollando acciones preventivas en las líneas de conducción que transportan agua desde los ríos Cuja y Río Blanco hacia las plantas de tratamiento, una sequía prolongada de varios meses podría reducir considerablemente los caudales y poner en riesgo el suministro para la población.
Por eso, el llamado no puede ser únicamente para las entidades. También es para cada ciudadano. Ahorrar agua, evitar el desperdicio, denunciar prácticas inadecuadas como el lavado de andenes o vehículos con manguera en la vía pública y proteger las fuentes hídricas deben convertirse en compromisos colectivos.
La pregunta es sencilla: ¿cuánto nos puede costar la falta de cultura? La respuesta podría ser mucho más alta de lo que imaginamos. Podría costarnos recursos económicos, productividad, calidad de vida y, en el peor de los casos, el acceso oportuno a un recurso tan indispensable como el agua.
Todavía estamos a tiempo de actuar. Pero el tiempo, como el agua, también se agota.
Emisora Fusaonline