Madrid, 8 dic (EL PAÍS).- Cada 7 de diciembre, víspera del Día de la Inmaculada Concepción, miles de hogares colombianos en España se iluminan con velas y faroles para celebrar el Día de las Velitas, una de las tradiciones más queridas que marca el inicio oficial de la Navidad en Colombia y que la diáspora ha trasladado con éxito al otro lado del Atlántico.
En barrios de Madrid, Barcelona y otras ciudades, familias migrantes reúnen a hijos, amigos y vecinos para encender velas, compartir natilla, buñuelos y recuerdos, mientras explican a las nuevas generaciones —muchas nacidas ya en España— el significado de esta noche de luz. “Es una forma de traer al presente lo que vivimos de pequeños y volver a conectar con nuestras raíces”, explica Karol Ortega, terapeuta colombiana que lleva más de 20 años en España.
La tradición, que en Colombia llena calles, balcones y parques de pequeñas llamas, se adapta en la diáspora: balcones madrileños, patios interiores y salones se convierten en el nuevo escenario. Videollamadas con familiares en Cali, Medellín o Bogotá intentan acortar los 8.000 kilómetros de distancia y la diferencia horaria que hace que en España la celebración empiece antes.
Expertos como Cecilia Estrada, directora de la Cátedra de Refugiados y Migrantes Forzosos de la Universidad Pontificia Comillas, destacan que mantener estos rituales es clave para preservar la identidad en el exilio y transmitirla a los hijos. Además, compartir la costumbre con españoles —vecinos, compañeros de trabajo o parejas— fomenta la transculturación y crea nuevos espacios de encuentro.
El emprendimiento también ha florecido alrededor de la nostalgia: Laura Oliveros, caleña residente en Madrid, fabrica y vende velas personalizadas y faroles a través de su marca Malu Piñatas y más. “Me pone contenta ver las caras de quienes reciben un paquete de velas; es algo que no puedo explicar”, cuenta con la voz entrecortada.
Para muchas personas, diciembre sigue siendo el mes más difícil. Estefanía Salazar, llegada hace tres años y medio, celebra ahora con más devoción que nunca: “Tengo una parte de mí allá y la otra acá. Esta tradición nos representa y merece ser compartida”.
Fuente: EL PAÍS
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