Opinión: ¿Quieren ‘modernizar’ el fútbol o desnaturalizar su esencia?

En medio del fervor que despierta el inicio de la Copa del Mundo, con la Selección Colombia de regreso y millones de aficionados conectados a un ritual global, surge una interrogante profunda sobre el futuro del deporte rey: ¿es posible modernizar el fútbol sin destruir lo que lo hace irrepetible?0

El actual torneo, el número 23 de la historia, marca un punto de inflexión con 48 selecciones, 104 partidos y proyecciones de ingresos récord para la FIFA que superan los 13.000 millones de dólares. Sin embargo, este crecimiento exponencial responde a una lógica financiera impulsada principalmente por capital estadounidense, que en la última década ha adquirido más de un centenar de clubes en las principales ligas europeas. Inversores norteamericanos controlan más de la mitad de la Premier League, un tercio de la Serie A y un cuarto de la Ligue 1, atraídos por un activo que aún se valora por debajo de los estándares de franquicias como las de la NBA.0

Esta visión empresarial prioriza la escalabilidad, la rentabilidad y la exclusividad: estadios llenos de palcos VIP, precios dinámicos en boletería que duplican o cuadruplican los de ediciones anteriores, un calendario saturado con mayor riesgo de lesiones para las estrellas y elementos de espectáculo que recuerdan al Super Bowl, como shows de medio tiempo con figuras internacionales. El VAR, las pausas publicitarias y la tentación de alargar los descansos ilustran cómo el fútbol se rediseña como vehículo de valorización de activos.0

Frente a esta tendencia, el editorial de El Colombiano advierte con claridad: el fútbol puede —y debe— modernizar su gestión, su tecnología y sus infraestructuras. Pero existe un límite infranqueable. La imprevisibilidad, esa magia que permite que un equipo como Curazao, con apenas 186.000 habitantes, sueñe con enfrentar de igual a igual a potencias como Estados Unidos, es el patrimonio que ningún modelo de liga cerrada ni cálculo financiero puede garantizar. Esa asimetría no es un defecto; es su mayor virtud y lo que mantiene a más de 5.000 millones de personas pendientes del balón.0

Las hinchadas, guardianes de la tradición y la identidad social de los clubes, han sido el principal freno a iniciativas como la fallida Superliga europea. El desafío actual consiste en equilibrar la necesaria evolución económica con la preservación de la esencia: reglas simples, accesibilidad universal y partidos sin cortes comerciales que corren con fluidez, elementos que distinguen al fútbol de cualquier otro espectáculo.0

Fuente : El Colombiano

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