En una jornada electoral que quedará marcada como una de las más inéditas y vibrantes de la democracia colombiana, el abogado Abelardo de la Espriella, candidato de Defensores de la Patria, se alzó con la victoria en la segunda vuelta presidencial por un margen mínimo de apenas 0,96%, equivalente a 250.830 votos, según el preconteo del boletín 66 del Consejo Nacional Electoral con el 99,99% de las mesas informadas.
La diferencia, la más estrecha registrada desde 1958, convirtió la contienda en un verdadero “voto finish” que mantuvo en vilo al país durante horas. De la Espriella alcanzó 12.959.542 sufragios (49,66%), sumando más de 2,5 millones de votos adicionales respecto a la primera vuelta, lo que le permitió revertir el panorama inicial y consolidar su triunfo.
Sin embargo, el gran protagonista del crecimiento fue su contendor, Iván Cepeda, del Pacto Histórico y candidato del Gobierno. Cepeda no solo aumentó significativamente su caudal electoral —sumando alrededor de tres millones de votos nuevos—, sino que amplió su dominio territorial, imponiéndose en 18 departamentos más Bogotá, frente a los 17 de mayo. El aspirante de izquierda se fortaleció especialmente en el Caribe, el Pacífico y gran parte de la Amazonía, al capturar apoyos del centro y de otros exaspirantes. Pese a la derrota, Cepeda ya anunció que impugnará los resultados en al menos 33.000 mesas.
La verdadera ganadora: la participación ciudadana
Más allá del resultado ajustado, lo que definió esta jornada fue el despertar cívico de los colombianos. La participación alcanzó un histórico 63,60%, superando con creces el 57,88% de la primera vuelta y el 59% registrado en la segunda vuelta de 1998 entre Andrés Pastrana y Horacio Serpa. De los más de 41 millones de potenciales electores, 26.345.364 acudieron a las urnas, un incremento de más de 2,3 millones de votantes.
Analistas coinciden en que este récord refleja un renovado compromiso democrático en un contexto de alta polarización. Los colombianos salieron a votar en masa, reviviendo el sentido patrio y demostrando que, pese a las divisiones, la democracia sigue siendo el gran árbitro de las diferencias nacionales.
Con el preconteo favorable, Abelardo de la Espriella se perfila como el próximo presidente de Colombia. El país ahora espera la ratificación oficial del CNE y el desarrollo de los procesos de escrutinio e impugnaciones anunciados. Una elección que no solo fue cerrada en números, sino cargada de simbolismo: una nación que votó con intensidad inédita y definió su rumbo por el estrecho margen de una fotografía.
Fuente: La Opinión
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