La publicación en Blu Radio sobre una supuesta profecía de Baba Vanga que estaría a punto de cumplirse en relación con una “importante figura pública” ejemplifica un clásico recurso del periodismo de clics: titular intrigante, descripción vaga y escasa sustancia verificable.
Baba Vanga, la vidente búlgara fallecida en 1996, se ha convertido en un personaje recurrente en medios sensacionalistas. Sus “predicciones” —atribuidas póstumamente por seguidores, sobrinos o interpretaciones libres— suelen vincularse retroactivamente a eventos como el 11-S, la muerte de Lady Di o tensiones geopolíticas, pero rara vez existen registros directos y contrastables de sus palabras exactas antes de los hechos.
En este caso específico, el artículo alude a “recientes acontecimientos” que involucran a una influyente figura pública, sin precisar nombre, fecha ni detalle concreto de la predicción. Esta ambigüedad deliberada alimenta especulaciones en redes —desde la salud de Donald Trump hasta el reinado de Carlos III o líderes ligados a conflictos globales— pero evade cualquier compromiso factual. El resultado: genera inquietud mundial sin asumir responsabilidad periodística por la veracidad.
Desde una perspectiva crítica, este tipo de notas contribuye poco al debate público serio. En febrero de 2026, con tensiones reales en el tablero geopolítico, económico y climático, el espacio mediático debería priorizar análisis basados en fuentes contrastables en lugar de revivir mitos esotéricos reciclados. La credibilidad de un medio no se construye con profecías virales, sino con rigor informativo.
Invitar al lector a reflexionar sobre por qué estas historias resurgen cíclicamente —especialmente en momentos de incertidumbre— sería más valioso que amplificarlas sin cuestionamiento. Al final, lo que realmente “está por cumplirse” no es una profecía centenaria, sino el patrón predecible del sensacionalismo digital.
Fuente: Blue, Radio
Emisora Fusaonline