Una científica de 28 años que trabajaba en un instituto ruso especializado en el estudio de la peste y otros patógenos peligrosos falleció a causa de una neumonía de origen “desconocido”. El caso ocurrió en el Instituto de Investigación Antipeste de Irkutsk, ubicado en Siberia, donde varias personas más se encuentran en cuarentena.
La agencia rusa Rospotrebnadzor, encargada de supervisar las enfermedades infecciosas, ha restado importancia a la posible relación entre la muerte de la investigadora y su labor en el laboratorio. Sin embargo, el episodio ha generado inquietud sobre la peste neumónica, la forma más peligrosa de esta infección bacteriana.
El Departamento de Estado de Estados Unidos y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) informaron que monitorean de cerca la situación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que mantiene contacto con las autoridades sanitarias rusas para verificar lo ocurrido, conocer las pruebas que se realizan y evaluar posibles riesgos para la salud pública internacional. Según información no oficial disponible, el riesgo para la población general parece ser bajo, aunque la evaluación se actualizará cuando haya más datos.
La peste neumónica es una infección pulmonar poco frecuente y mortal causada por la bacteria Yersinia pestis. A diferencia de otras formas de la enfermedad, es la única que se transmite directamente de persona a persona a través de partículas respiratorias expulsadas al toser o estornudar. También puede contagiarse mediante gotículas de animales infectados. El último caso documentado de transmisión entre humanos en Estados Unidos data de 1924, durante un brote en Los Ángeles.
Los síntomas pueden aparecer en un plazo de 24 horas tras la infección e incluyen fiebre, escalofríos, dolor de cabeza, dolores corporales, mareos, debilidad, fatiga, náuseas, vómitos y diarrea. La bacteria se aloja en los pulmones y provoca una neumonía grave que dificulta la respiración. Sin tratamiento, casi siempre resulta mortal.
El tratamiento consiste en un ciclo de antibióticos de al menos 10 a 14 días. Los más utilizados son ciprofloxacina, levofloxacina, moxifloxacina, gentamicina y estreptomicina. Los pacientes que reciben antibióticos dentro de las primeras 24 horas tienen mayores probabilidades de sobrevivir. Además, se brinda apoyo con oxígeno suplementario, líquidos y reposo.
Aunque existen vacunas contra la peste desde el siglo XIX, no está claro si protegen contra la forma neumónica. La OMS no recomienda la vacunación general, salvo para grupos de alto riesgo como el personal de laboratorio expuesto de manera constante.
La peste, conocida históricamente como la “Peste Negra” que mató a más de 50 millones de personas en Europa en el siglo XIV, sigue presente en casi todos los continentes, excepto Oceanía. En Estados Unidos se registran en promedio siete casos al año, principalmente en estados del oeste. Desde la década de 1990, la mayoría de los casos humanos se concentran en África. La última muerte por peste neumónica en Estados Unidos ocurrió en Arizona en julio de 2025, en un joven que trabajaba con gatos enfermos.
Para prevenir el contagio, la OMS recomienda evitar el contacto directo con personas enfermas y tener precaución con fluidos corporales infectados. El personal sanitario debe usar equipo de protección y puede recibir antibióticos preventivos. En caso de exposición, se vigila a los contactos cercanos y se administran antibióticos antes de que enfermen. También se aconseja el lavado frecuente de manos con agua y jabón.
Fuente: CNN
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