Después de décadas de depender principalmente de las calles 13 y 80 para comunicarse con Bogotá, Funza avanza en la estructuración de una nueva alternativa vial que permitiría conectar el municipio con la capital a través de la Avenida La Esperanza.
La iniciativa hace parte del denominado Circuito Aeroportuario y será desarrollada mediante un convenio entre la Alcaldía de Funza, el Instituto de Desarrollo Urbano de Bogotá (IDU) y la Agencia Regional de Movilidad (ARM). El propósito inicial es adelantar los estudios necesarios para determinar la viabilidad y las características que tendría esta nueva conexión regional.
La alcaldesa de Funza, Jeimmy Villamil Buitrago, destacó el acuerdo como un paso para buscar soluciones a las dificultades de movilidad que durante años han enfrentado los habitantes del municipio y las personas que se desplazan diariamente hacia Bogotá.
De acuerdo con la mandataria, la dependencia de los corredores tradicionales genera dificultades especialmente cuando se presentan accidentes, cierres viales o situaciones que afectan la circulación. La nueva alternativa busca ampliar las opciones de ingreso y salida hacia la capital.
El proyecto contempla tres componentes principales. El primero corresponde a la Avenida La Esperanza; el segundo, a la conexión mediante la Carrera 103 con la Avenida El Dorado o Calle 26; y el tercero, a la Carrera 129–Avenida TAM, que permitiría articularse con la Calle 13.
La propuesta pretende conformar una red de conexiones entre Funza, el aeropuerto y distintos sectores de Bogotá, con el objetivo de distribuir de manera más eficiente los flujos de vehículos que actualmente se concentran en los principales corredores de acceso a la capital.
La problemática de movilidad también está relacionada con el transporte de carga y las actividades industriales, comerciales y logísticas de la Sabana de Occidente. Según los datos citados por BLU Radio, durante los periodos críticos de la tarde se han registrado velocidades promedio muy bajas en estos corredores, reflejando el impacto de la congestión sobre los desplazamientos regionales.
Sin embargo, el proyecto todavía no significa que la nueva vía vaya a construirse de manera inmediata. La etapa que comienza corresponde a los estudios de prefactibilidad y factibilidad, que deberán establecer aspectos técnicos, ambientales, sociales, prediales, jurídicos y financieros antes de determinar si puede avanzar hacia fases posteriores.
La estructuración también contempla el concepto de “calles completas”, por lo que no se analizará únicamente el tránsito de vehículos. Dentro de los componentes previstos se encuentran andenes, infraestructura para bicicletas, zonas verdes, paisajismo, accesibilidad y elementos relacionados con la seguridad vial.
El convenio contempla recursos para contratar los estudios, diseños, consultoría e interventoría requeridos durante esta etapa. El IDU, por su parte, participará con acompañamiento técnico y pondrá a disposición estudios y documentos realizados previamente que puedan servir como insumo para la estructuración.
El plazo establecido para desarrollar el convenio se extiende hasta finales de dos mil veintisiete. Durante este periodo deberán adelantarse los análisis que permitan establecer las condiciones técnicas y la viabilidad de la propuesta.
Para Funza, el proyecto representa la posibilidad de avanzar hacia una conexión adicional con Bogotá y reducir la dependencia de los accesos tradicionales. No obstante, el resultado dependerá de los estudios que se realicen y de las decisiones que posteriormente adopten las entidades involucradas.
Fuente: BLU Radio.
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