Mientras el mundo observa con atención las declaraciones del presidente Donald Trump sobre Groenlandia, otro remoto archipiélago en el Ártico se ha convertido en un nuevo punto de fricción geopolítica: Svalbard.
CNN reportó que Noruega retiró recientemente dos imponentes leones de granito y un letrero que decía “Estación del Río Amarillo” de una estación de investigación china en Ny-Ålesund. El gesto es interpretado por expertos como un esfuerzo de Noruega por reforzar su soberanía ante el creciente interés de China y Rusia en la región.
Svalbard, ubicado entre Noruega continental y el Polo Norte, es un lugar único: apenas 3.000 habitantes, sin población indígena, donde las mujeres no pueden dar a luz. Es el territorio habitado más septentrional del mundo y se calienta a un ritmo entre seis y siete veces superior al promedio global.
Aunque el Tratado de Svalbard otorga soberanía plena a Noruega, permite a ciudadanos de casi 50 países (incluyendo China y Rusia) vivir y trabajar allí sin visado. Esto ha convertido al archipiélago en un importante centro de investigación científica, pero también en un escenario de rivalidades internacionales.
Rusia mantiene un asentamiento en Barentsburg, donde ha realizado acciones que han generado tensión, como un desfile militar en 2023. Por su parte, China se autodenomina “estado cercano al Ártico” y ve en Svalbard una puerta de entrada a su ambiciosa “ruta de la seda polar”.
El cambio climático acelera el interés: el deshielo abre posibles rutas marítimas y acceso a recursos, aunque la explotación sigue siendo compleja. Noruega ha respondido fortaleciendo su control, modificando normas electorales y afirmando claramente que Svalbard forma parte de su territorio y de la OTAN.
“Alto Norte, baja tensión” ya no describe la realidad actual del Ártico, según autoridades noruegas. El mundo parece estar subestimando las crecientes fricciones en esta remota región estratégica.
—Fuente:CNN En Español—
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