En un mundo hiperconectado, WhatsApp, la app que domina nuestras charlas diarias en Colombia, da un salto audaz con dos novedades que prometen redefinir cómo hablamos y compartimos. Como usuario empedernido de esta herramienta —que, admitámoslo, nos ha salvado de más de un embrollo familiar—, no puedo evitar sentir una mezcla de entusiasmo y cautela. ¿Estamos ante una evolución natural o un paso hacia la dilución de lo que hace única a esta plataforma? Basado en el artículo de El Tiempo (José Carlos García R., Editor Multimedia), exploro estas funciones que, según el portal, “lo cambiarían todo”.
Primero, los “estados” revividos: ya no son esos perfiles estáticos y olvidados, sino actualizaciones efímeras de texto, al estilo de las Notas de Instagram. Imagínenlo: un “En reunión, no molestar” que flota en la cima de tus chats, visible por 24 horas (o lo que tú decidas), con opciones para acortarlo o extenderlo, y privacidad a medida —todo el mundo o solo tus contactos. Es genial para romper el hielo o indicar “disponible para café virtual”. Pero, ¿no huele a saturación? En una era de oversharing, donde Instagram ya nos bombardea con historias fugaces, WhatsApp arriesga convertirse en otro feed de vanidades. Personalmente, lo veo como un soplo de frescura para iniciar conversaciones espontáneas, pero temo que fomente la adicción a la inmediatez, esa que nos deja exhaustos al final del día.
El verdadero terremoto llega con las llamadas y chats a “otras apps”, impulsado por las regulaciones europeas de interoperabilidad. Sí, pronto podrás mensajear o llamar directamente a un usuario de Telegram o iMessage desde WhatsApp, sin cambiar de app. El artículo aclara que, por ahora, esto no toca Latinoamérica, pero expertos auguran su llegada pronto por la “flexibilidad” de Meta. El objetivo es noble: derribar muros digitales, permitiendo que elijas tu app favorita sin aislarte de amigos en la “tuya”. Actívalo en Ajustes > Cuenta > “Solicitudes de chats de terceros”, y decide si mezclas todo en tu bandeja o lo guardas aparte. Suena utópico, ¿verdad? Elimina el “¡Descarga WhatsApp o nos perdemos!” que tanto agobia.
Sin embargo, aquí radica mi principal escepticismo: la seguridad. WhatsApp presume cifrado end-to-end, pero una vez que tu mensaje cruza a otra app, depende de sus políticas. ¿Qué pasa si aterriza en un servicio con cifrado flojo? Fotos, videos (¡hasta de 60 segundos pronto!) y datos sensibles podrían volverse vulnerables. Es como un puente seguro que desemboca en terreno inestable: cruza con cuidado. En Colombia, donde las estafas digitales son pan de cada día, esto podría amplificar riesgos. Hablando de eso, el artículo toca un nervio con la “estafa de la llamada perdida”: no devuelvas números de prefijos como +353 (Albania) o +234 (Nigeria), que te clavan tarifas exorbitantes y abren puertas al phishing. WhatsApp responde con “Bloqueo automático de desconocidos” en Privacidad > Avanzada —un salvavidas esencial que todos deberíamos activar ya.
En suma, estas funciones posicionan a WhatsApp como un hub universal, potenciando creatividad y conexión, pero a costa de posibles brechas en privacidad y más ruido en nuestras vidas digitales. ¿Vale la pena? Para mí, sí, si usamos la cabeza: configura todo a tu gusto y educa a tu círculo sobre riesgos. WhatsApp no solo evoluciona; nos obliga a evolucionar con él. ¿Y tú, lector? ¿Listo para chatear con el “enemigo” o prefieres tu burbuja segura? El debate está servido.
Fuente: El Tiempo, “Dos nuevas funciones en WhatsApp que lo cambiarían todo: llamadas telefónicas a otras ‘apps’ y estados”, por José Carlos García R.
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