La extrema derecha volvió a sacudir el tablero político alemán. Dos semanas después de su victoria en Sajonia-Anhalt con el 44 % de los votos, Alternativa para Alemania (AfD) se impuso este 20 de septiembre en Mecklemburgo-Pomerania Occidental con el 38 %.
En contraste, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) del canciller Friedrich Merz apenas alcanzó el 4,9 % y quedó fuera del parlamento regional por primera vez en su historia. En Berlín, el partido poscomunista Die Linke fue el más votado (25 %), seguido por la CDU (19 %) y la AfD (16 %).
Estos resultados refuerzan una tendencia clara: el este del país, la antigua República Democrática Alemana (RDA), se ha convertido en el principal bastión electoral de la AfD, a pesar de que los servicios de inteligencia alemanes la consideran una formación de extrema derecha y una amenaza para la democracia.
La factura de la reunificación
Expertos señalan el costo económico y social de la reunificación como uno de los factores clave. Muchos alemanes orientales se perciben como “ciudadanos de segunda clase”. Aunque las condiciones han mejorado, un trabajador del este gana en promedio un 17 % menos que uno del oeste. La población de la antigua RDA (sin Berlín Oriental) se redujo un 16 % en 35 años; en Sajonia-Anhalt el descenso llegó al 26 %.
De las más de 12.000 empresas públicas de la RDA, unas 3.700 fueron cerradas y el resto privatizadas, lo que generó un desempleo que llegó a superar el 25 %.
De un totalitarismo a otro
Algunos analistas también apuntan a una mayor inclinación hacia soluciones autoritarias, heredada tanto del comunismo como del nazismo. En la RDA el proceso de desnazificación fue más corto y superficial. Además, la debilidad de sindicatos, iglesias y organizaciones de la sociedad civil facilitó el auge de movimientos de extrema derecha tras 1990.
Una tendencia más amplia
No todos atribuyen el fenómeno solo al pasado. El politólogo Manès Weisskircher señala que el éxito de la AfD en el este no es excepcional en Europa y que las principales motivaciones de sus votantes son el rechazo a la inmigración y la compleja situación económica de Alemania. Paradójicamente, en el este hay menos inmigrantes (alrededor del 8 % frente al 16 % del oeste), y estudios muestran que a menor contacto con extranjeros, mayor es el temor hacia ellos.
La AfD ha sabido capitalizar el aislamiento rural, el desempleo y el envejecimiento de la población con un discurso cercano y un uso hábil de las redes sociales. Al mismo tiempo, Die Linke también crece en la región al presentarse como alternativa a los partidos tradicionales.
Aunque el avance de la AfD genera alarma —especialmente por su postura sobre Ucrania y Rusia—, los expertos coinciden en que estos triunfos no son inevitables. Ahora depende de los partidos de centro recuperar a los votantes descontentos.
—Fuente:BBC News—
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