Opinión: La vileza de lucrarse con el dolor infantil

La explotación de niños con cáncer en campañas de recaudación falsas representa una de las formas más bajas de fraude humano, donde la desesperación de familias vulnerables se convierte en fuente de enriquecimiento para redes organizadas.

Una investigación de BBC News Mundo revela cómo estafadores internacionales han defraudado millones de dólares destinados supuestamente a tratamientos oncológicos infantiles. Casos en Filipinas, Colombia, Ghana y Ucrania muestran un patrón sistemático: videos emotivos y manipulados —con niños afeitados, conectados a sueros falsos o inducidos a llorar— que generan donaciones masivas, pero las familias afectadas reciben poco o nada.

Niños como Khalil, de 7 años, o Ana, de 8, fueron utilizados en producciones profesionales que recaudaron cientos de miles de dólares cada una, mientras sus progenitores luchaban por cubrir gastos médicos básicos. Algunos menores fallecieron sin beneficiarse de los fondos prometidos, y las campañas incluso continuaron activas tras sus muertes.

Esta red, vinculada a organizaciones registradas en Israel y Estados Unidos, opera con intermediarios que reclutan familias pobres prometiendo pagos mínimos a cambio de filmaciones desgarradoras. Los responsables justifican la desaparición del dinero en “costos de publicidad”, pero expertos en beneficencia señalan que tales gastos no deberían superar el 20% de lo recaudado.

Lo más indignante es la selección deliberada de víctimas: niños “guapos, de piel blanca y sin pelo”, según testimonios internos, para maximizar el impacto emocional y las donaciones. Se trata de una industria del llanto fabricado, que mancilla la solidaridad genuina y erosiona la confianza en las causas humanitarias legítimas.

En un mundo donde la generosidad digital facilita la ayuda inmediata, estos casos exigen mayor regulación y verificación obligatoria de plataformas de crowdfunding. Donar sin investigar equivale a convertirse, involuntariamente, en cómplice de una estafa que profana el sufrimiento ajeno.

La frase de una madre afectada resume la atrocidad: es “dinero manchado de sangre”. Frente a tal vileza, la sociedad debe responder con vigilancia implacable para proteger a los más vulnerables.

(Fuente: BBC News Mundo)