La Defensoría del Pueblo presentó un diagnóstico preocupante del clima político de cara a las elecciones de 2026. Según el primer informe de seguimiento al “Compromiso por un proceso electoral libre y en paz”, el periodo julio-diciembre de 2025 estuvo marcado por alta sensibilidad política, lenguaje agresivo y hechos de violencia que alimentan un ambiente de riesgo.
Aunque se registra un rechazo unánime al asesinato del precandidato Miguel Uribe Turbay —que marcó el inicio del calendario electoral—, la entidad advierte que la violencia simbólica y el discurso incendiario pueden derivar en agresiones físicas. La defensora Iris Marín fue clara al señalar que cierto lenguaje “puede trascender o alimentar a aquellas personas que usan la violencia de las armas dentro del contexto electoral”.
El informe, elaborado junto a la Misión de Observación Electoral (MOE), evaluó 38 precandidaturas de alto perfil. Las que firmaron el compromiso alcanzaron un cumplimiento promedio del 81,7 %, mientras que las no firmantes mostraron una alineación del 56,4 %. Destaca positivamente que el 100 % de precandidaturas —firmantes y no firmantes— se pronunciaron a favor de defender la democracia y privilegiar el diálogo.
Sin embargo, persisten señales de alarma: durante 2025 se documentaron 415 hechos de violencia contra liderazgos políticos, sociales y comunales, con un aumento proporcional de agresiones dirigidas específicamente a figuras políticas. La Defensoría insiste en que el gran desafío es transitar de esquemas de protección individual hacia garantías colectivas y territoriales, sobre todo en zonas históricamente críticas.
Otro punto crítico es la marcada brecha de género. De 99 precandidaturas analizadas, solo el 12,12 % fueron mujeres. Esta subrepresentación, combinada con formas de violencia contra las mujeres en política —como amenazas sexuales, desinformación sobre su vida privada y cuestionamientos basados en estereotipos—, limita la diversidad del debate y reproduce barreras estructurales.
Las redes sociales, convertidas en el principal escenario de posicionamiento en esta fase temprana, concentran los mayores riesgos: desinformación masiva, polarización extrema, lenguaje violento y campañas centradas en notoriedad más que en propuestas programáticas.
Desde la Defensoría se hace un llamado urgente a las precandidaturas para que adopten protocolos efectivos contra la violencia de género, moderen el tono discursivo, verifiquen la información que difunden y respeten las decisiones institucionales, evitando así erosionar la confianza ciudadana en el sistema democrático.
El panorama muestra luces y sombras: hay un arraigo significativo por la democracia, pero el lenguaje y las prácticas actuales aún amenazan con contaminar un proceso que debería desarrollarse en paz y con plenas garantías. La radiografía deja en evidencia que el reto de 2026 no es solo logístico, sino profundamente cultural y político.
Fuente: Caracol Radio
Emisora Fusaonline