Científicos encuentran la primera evidencia física de que los romanos usaban heces humanas como medicina

Un frasco romano del siglo II hallado en Pérgamo (la actual Bergama, Turquía) ha revelado la primera evidencia física de que los antiguos romanos empleaban heces humanas en preparaciones medicinales, una práctica hasta ahora conocida solo por textos antiguos.

Según un estudio publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports el 19 de enero de 2026, el arqueólogo Cenker Atila, de la Universidad Sivas Cumhuriyet, analizó residuos en una botella de vidrio tipo unguentaria conservada en el Museo de Bergama. Aunque estos pequeños recipientes solían contener perfumes, este había sido reutilizado como envase médico.

Al raspar escamas marrones del interior —sellado con una tapa de arcilla—, los investigadores identificaron heces humanas, combinadas con alta concentración de tomillo (por sus propiedades antibacterianas y para enmascarar olores) y aceite de oliva. La composición coincidió exactamente con remedios descritos por Galeno, el célebre médico romano nacido precisamente en Pérgamo, quien sirvió a varios emperadores y cuyas obras dominaron la medicina occidental durante más de 1.500 años.

“Fue una gran sorpresa y una fuente de inmensa emoción reconocer de inmediato una preparación medicinal utilizada por el propio Galeno”, explicó Atila a CNN.

Los textos clásicos ya mencionaban el uso de excrementos humanos y animales para tratar inflamaciones, infecciones y diversos trastornos, incluidos problemas reproductivos. Lejos de considerarse repulsivos, estos ingredientes ocupaban un lugar importante en la farmacología antigua por su supuesta potencia terapéutica.

El hallazgo también conecta directamente con la medicina moderna: los autores destacan que esta práctica anticipa la actual transferencia fecal (o trasplante de microbiota fecal), aprobada por la FDA estadounidense para prevenir infecciones recurrentes de Clostridioides difficile.

Nicholas Purcell, profesor emérito de historia antigua en la Universidad de Oxford, calificó la investigación de “científicamente sólida” y “muy interesante” por unir por primera vez la tradición textual con evidencia material tangible. Sugirió que sería valioso conocer el contexto exacto del hallazgo —posiblemente una tumba de un médico o paciente— para ampliar el entendimiento sobre el uso real de estos pequeños frascos de vidrio en la Antigüedad.

Fuente: CNN en Español

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