El presidente ruso, Vladimir Putin, llegará esta semana a Pekín para conmemorar el 25 aniversario del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa entre Rusia y China, en un momento en que ambos países buscan reforzar su asociación estratégica frente a un orden internacional liderado por Estados Unidos.0
La visita se produce apenas días después de la estancia del presidente estadounidense Donald Trump en la capital china, donde fue recibido con honores de Estado. Según el Kremlin, Putin busca obtener información de primera mano sobre esa reunión, mientras Xi Jinping habría mencionado a su “amigo” Putin durante las conversaciones con Trump.0
Un momento captado por un micrófono abierto en septiembre pasado, mientras los dos mandatarios caminaban por la plaza de Tiananmén, reveló una conversación inusual sobre longevidad y trasplantes de órganos, que analistas interpretaron como una ventana a su estrecha relación personal. Ambos líderes, con casi 40 años combinados en el poder, se han descrito públicamente como “mejores amigos”.0
Una relación asimétrica pero sólida
Aunque Pekín y Moscú hablan de una “amistad sin límites”, expertos consultados por la BBC destacan que se trata de una asociación desigual en la que China marca el ritmo. Rusia, fuertemente sancionada por Occidente tras su invasión a Ucrania, depende cada vez más del gigante asiático: China es su principal socio comercial, mientras que Rusia representa solo el 4% del comercio exterior chino.0
Moscú ha aumentado su dependencia de componentes chinos para su industria militar —más del 90% de la tecnología sancionada proviene de China—, y ambos países avanzan en proyectos energéticos clave, como el gasoducto Poder de Siberia 2.0
Analistas como Alexander Gabuev, del centro Carnegie Russia Eurasia, señalan que China evita presionar excesivamente a Rusia para no generar resistencias en una potencia orgullosa. “No es una alianza formal, sino una asociación estratégica flexible”, explica el exdiplomático australiano Bobo Lo. Esta flexibilidad les permite mantener intereses comunes sin subordinarse mutuamente.0
Oposición compartida a Occidente
La larga frontera de 4.300 kilómetros, economías complementarias y una visión coincidente contra la “hegemonía occidental” sustentan la relación. Ni Pekín ni Moscú se critican por temas sensibles como Xinjiang o la situación interna rusa, y coordinan posiciones en foros multilaterales.0
Sin embargo, sus enfoques difieren: mientras Rusia busca confrontar más abiertamente a Estados Unidos, China mantiene una postura pragmática y prefiere mantener abiertos canales diplomáticos con Washington.
La visita de Putin, que será más discreta que la de Trump, servirá para evaluar el estado actual de esta asociación que, pese a sus asimetrías, se ha consolidado como uno de los ejes geopolíticos más relevantes del siglo XXI.
—Fuente:BBC Noticias—
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