Un cucuteño conquista la élite científica mundial

Desde el barrio Niña Ceci, en la ciudadela Juan Atalaya, hasta las páginas de una de las revistas más prestigiosas del planeta en neurociencias. Esa es la trayectoria de Jairo Stefan Acosta Vargas, investigador nortesantandereano de 38 años que acaba de publicar un artículo en Neuropharmacology, publicación de referencia global editada por Elsevier y ampliamente citada por universidades estadounidenses y especialistas en salud mental.

El trabajo, que forma parte de su tesis doctoral en Ciencias Biomédicas y Salud Pública que desarrolla en España, analiza los efectos a largo plazo del consumo de cannabis durante la adolescencia. Tras tres años de experimentación con modelos animales, el estudio demuestra que la exposición temprana al THC —principal compuesto psicoactivo de la marihuana— altera regiones cerebrales clave, especialmente la corteza prefrontal, zona responsable de la toma de decisiones y el control de impulsos.

Entre las principales conclusiones se destacan: mayor vulnerabilidad a desarrollar dependencia al alcohol y a drogas más duras como la cocaína, incremento del riesgo de psicosis y esquizofrenia (sobre todo en personas con carga genética), y síntomas de abstinencia como ansiedad y depresión al suspender el consumo. El investigador subraya que, aunque el cannabis no es letal por sí mismo, actúa como puerta de entrada a otras adicciones más peligrosas y que los daños en la maduración cerebral —proceso que culmina alrededor de los 25 años— son irreversibles.

Otro hallazgo relevante apunta a diferencias de género: las mujeres mostrarían mayor propensión a la dependencia cruzada hacia otras sustancias, lo que —según el equipo— debería traducirse en enfoques farmacológicos diferenciados según el sexo.

Acosta Vargas, quien cursó primaria en la escuela Gremios Unidos 55, bachillerato académico con énfasis en ciencias en el INEM y licenciatura en Biología y Química en la Universidad Francisco de Paula Santander, superó múltiples obstáculos económicos: trabajó como mesero durante la carrera, ejerció como docente durante años en Cúcuta y el Catatumbo, y logró becas y apoyos (incluido un aporte del entonces alcalde César Rojas) para realizar maestría en España, especialización en Canadá —interrumpida por la pandemia— y finalmente el doctorado financiado por el Plan Nacional de Drogas español.

A menos de cinco meses de defender su tesis, el científico proyecta seguir publicando, aspirar al desarrollo de tratamientos contra las adicciones y, eventualmente, regresar a Cúcuta tras nueve años de ausencia. Su mensaje a los jóvenes de su ciudad es directo: “Todo es posible si se trabaja duro, se confía en uno mismo, se tiene paciencia y no se olvidan las raíces”.

Fuente: La Opinión

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