El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, escaló drásticamente la retórica contra el régimen cubano al declarar este lunes desde la Casa Blanca que espera “tener el honor de tomar Cuba” durante su actual mandato, en medio de negociaciones secretas y una severa crisis energética que asfixia a la isla.
“Creo realmente que tendré el honor de tomar Cuba, de alguna manera. Quiero decir liberarla, o tomarla. Creo que puedo hacer lo que quiera, si quiere que le diga la verdad. Es una nación muy debilitada en estos momentos. Sería un gran honor”, afirmó Trump ante periodistas en el Despacho Oval.
Sus palabras llegan apenas un día después de que, desde el Air Force One el domingo, el mandatario estadounidense dijera: “Cuba también quiere cerrar un acuerdo, y creo que muy pronto o llegamos a un acuerdo o haremos lo que haya que hacer. Estamos en conversaciones con Cuba. Creo que va a pasar algo en Cuba muy pronto”.
Trump insistió en que Washington “se ocupará de Irán antes que de Cuba”, pero subrayó que un cambio en la isla caribeña es inminente.
El régimen de Miguel Díaz-Canel confirmó el viernes la existencia de contactos con el gobierno estadounidense, precisando que se realizan “por la vía del diálogo” para buscar soluciones a las diferencias bilaterales. Díaz-Canel aclaró que las conversaciones están dirigidas por el “General de Ejército” —en referencia a Raúl Castro— y por él mismo.
En la reunión televisada del Partido Comunista, donde se abordó el tema, destacó la presencia de Raúl Guillermo Rodríguez Castro (“el Cangrejo”), nieto de Raúl Castro y señalado por medios de EE. UU. como uno de los interlocutores extraoficiales en los diálogos con representantes de Marco Rubio, secretario de Estado.
La presión de Washington se intensificó desde enero con una orden ejecutiva que declaró emergencia nacional por la supuesta “amenaza excepcional” de Cuba, imponiendo un bloqueo energético de facto. El corte del suministro de combustible ha agravado los apagones prolongados, la escasez de alimentos y medicinas, y la paralización de servicios básicos en la isla, considerada por analistas como la peor crisis en décadas.
En paralelo, Cuba liberó recientemente a 51 presos políticos como parte de un acuerdo mediado por el Vaticano, en un gesto interpretado como intento de generar buena voluntad en las negociaciones.
Trump, que desde su regreso a la presidencia ha multiplicado declaraciones ofensivas contra el régimen comunista, había asegurado a mediados de enero que mantenía contactos con “altos cargos” cubanos, algo que La Habana desmintió inicialmente.
Expertos coinciden en que las ambiguas amenazas de “tomar” o “liberar” Cuba —ya sea mediante acuerdo, colapso interno o acción más directa— aumentan la incertidumbre en un momento en que el régimen enfrenta su mayor debilidad económica y política en años, con millones de exiliados y una población agotada por los apagones y la escasez.
El desarrollo de estas conversaciones y las próximas declaraciones de Trump podrían definir un punto de inflexión en las relaciones bilaterales, con posibles repercusiones en toda la región.
—Fuente:Revista semana—
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