Hyattsville, Maryland — El padre Vidal Rivas, un sacerdote episcopal originario de El Salvador que llegó a Estados Unidos en 1999 huyendo de la guerra civil, se ha convertido en el “guardián” de 26 niños nacidos en territorio estadounidense cuyos padres indocumentados temen ser deportados por las intensas redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) bajo la administración de Donald Trump.
Rivas, párroco de la Iglesia Episcopal de San Mateo en Hyattsville —una zona con fuerte presencia hispana cerca de Washington D.C.—, aceptó la tutela legal de reserva de estos menores. La medida, de vigencia inicial de seis meses, permite al sacerdote cuidar a los niños, acompañarlos en su rutina escolar y decidir sobre su futuro inmediato en caso de que sus padres sean detenidos o deportados abruptamente.
“Yo he visto a los papás llorar”, relató Rivas a CNN. “Es un momento triste, lamentable y doloroso. Es muy caótico todo lo que se está viviendo. El momento es bastante oscuro y las personas tampoco habían vivido un momento tan difícil como el que se vive hoy”.
Una madre salvadoreña, quien pidió reserva de identidad por miedo a represalias, explicó su decisión respecto a su hijo de 9 años: “Estar aquí sin documentos se nos hace difícil. Decidimos dar la custodia al padre por si mañana nos agarran y nos deportan. No es fácil firmar un documento, entregar a nuestro hijo con otra persona. Pero sé el amor que el padre tiene con nosotros y con el niño”.
La mujer agregó que la familia ha dejado de trabajar y de asistir a actividades escolares por temor a ser detenidos. “Ni el covid nos mantuvo tan encerrados. Es el miedo y el temor de que si salimos no sabemos si vamos a regresar”, afirmó, mientras los ahorros familiares se agotan rápidamente.
Rivas, quien ya hospedó a cientos de venezolanos en la iglesia durante la crisis migratoria de 2019, ha preparado salones parroquiales con duchas, baños y dormitorios para albergar a los menores si fuera necesario. “Es una gran responsabilidad y le doy gracias a Dios y a esos padres que tienen confianza en mí”, dijo el sacerdote de 62 años.
El religioso recorre diariamente las calles de Hyattsville para acompañar a su comunidad y ha sido testigo directo de operativos de ICE. “Me sentí impotente”, recordó al describir cómo vio a un joven salvadoreño sometido en el suelo por agentes. “¿Qué pasó con el amor? El amor no hace daño, el amor no destruye”, reflexionó.
Mientras algunos padres evalúan regresar a sus países de origen —como El Salvador, donde la seguridad ha mejorado pero la economía sigue siendo precaria—, el padre Rivas continúa ofreciendo solidaridad, vigilias en oficinas de inmigración y un refugio espiritual y práctico en medio de la incertidumbre migratoria que vive la comunidad hispana en Estados Unidos.
—CNN En Español—
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