Opinión:Ausencia en debates: ¿arrogancia o estrategia?

A menos de dos meses de la primera vuelta presidencial de 2026, cuatro aspirantes a la Casa de Nariño alzaron la voz en un foro sobre energía y regiones organizado por El Espectador. Roy Barreras, Carlos Caicedo, Mauricio Lizcano y Luis Gilberto Murillo cuestionaron duramente a los candidatos que, pese a liderar las encuestas, evitan los debates abiertos con sus rivales.

Las frases fueron directas y cargadas de reclamo. “Los colombianos merecen que vengan a los debates y les den la cara a sus propuestas e ideas”, afirmó Roy Barreras. Mauricio Lizcano fue más incisivo: señaló que quienes están arriba en las mediciones “creen que ya ganaron, y por eso no vienen a debates. Creen que simplemente con emociones y pegando un ‘periodicazo’ ya se obtienen 2 millones de votos en TikTok”.

Luis Gilberto Murillo, por su parte, se refirió explícitamente a Paloma Valencia e Iván Cepeda, y criticó que realicen debates en el Congreso: “Si ellos lo hacen allá, entonces que nos inviten a nosotros también para ir o que renuncien ellos y vengan acá”. El tono general fue el mismo: la democracia colombiana exige confrontación real de ideas, no solo discursos en redes o eventos controlados.

Esta crítica no surge en el vacío. Históricamente, candidatos como Gustavo Petro, Federico Gutiérrez o Rodolfo Hernández sí asistieron a los debates en su momento, incluso cuando encabezaban las encuestas. La ausencia actual de figuras como Paloma Valencia, Iván Cepeda y Abelardo De La Espriella genera una pregunta legítima: ¿qué temen? ¿O simplemente calculan que, con ventaja en intención de voto, basta con mantener una campaña de emociones y viralidad en lugar de someterse al escrutinio público?

Desde una perspectiva periodística, los debates no son un capricho mediático: son el espacio donde los electores pueden comparar programas, detectar inconsistencias y evaluar capacidad de argumentación bajo presión. Evitarlos erosiona la calidad del debate democrático y deja al ciudadano con información incompleta. En un país que aún cicatriza polarizaciones profundas, la negativa a debatir alimenta la percepción de que algunos aspirantes prefieren gobernar sin rendir cuentas previas.

Los cuatro candidatos que sí asistieron al foro de este 8 de abril cumplieron con exponer sus visiones sobre transición energética, el futuro de Ecopetrol y el desarrollo regional. Mientras tanto, los ausentes siguen acumulando menciones en encuestas, pero restan transparencia al proceso.

La ciudadanía tiene derecho a exigir que todos los aspirantes “den la cara”, como bien lo plantearon Barreras, Caicedo, Lizcano y Murillo. En una contienda presidencial, no basta con liderar las mediciones: se debe liderar también el compromiso con el debate abierto y honesto. De lo contrario, el riesgo es claro: una elección decidida más por algoritmos y emociones que por propuestas contrastadas.

La pelota está ahora en la cancha de los que prefieren no presentarse. El país observa.

Fuente: El Espectador

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