OPINIÓN: Toca, el pueblo de Boyacá con dos iglesias en su plaza

En el corazón de Boyacá, donde la tradición se respira en cada esquina empedrada y el tiempo parece detenerse ante la grandeza de sus paisajes, se levanta Toca, un municipio que desafía la norma y captura la atención de quienes buscan autenticidad en el turismo religioso y cultural colombiano.

Según el Sistema de Información Turística de Boyacá (Situr), Toca ostenta un rasgo único en todo el departamento: es el único municipio que cuenta con dos iglesias enfrentadas, una cerca de la otra, en su plaza central. Ambas construcciones datan del siglo XVIII y han sido testigos mudos de siglos de historia, mitos y transformaciones sociales.0

En el pasado colonial, los primeros españoles que arribaron a estas tierras la bautizaron como “Pueblo Grande”, impresionados por el extenso asentamiento indígena que encontraron en su intento por llegar a los Llanos Orientales. El nombre actual proviene del cacique muisca Tocavita, cuyo significado —“río fuerte”— evoca la riqueza hídrica del territorio, simbolizada hoy en el embalse de La Copa, que irriga los valles de Duitama y Sogamoso.


Parroquia Divino Salvador en Toca, Boyacá. Foto: Tomada: Situr Boyacá

Durante décadas, las dos iglesias alimentaron un mito popular que hablaba de divisiones políticas profundas. Se decía que representaban a liberales y conservadores, reforzado por el contraste de sus fachadas: una lucía tonos azules y la otra, rosados o un rojo desteñido. Historias de envidias vecinales, apariciones y rivalidades se tejieron alrededor de estos templos, convirtiéndolos en protagonistas de relatos que trascendían lo religioso para adentrarse en lo identitario.

Sin embargo, la realidad reciente disipó ese folclor. El sacerdote José del Carmen Rodríguez Espitia tomó la decisión de pintar ambas iglesias de blanco, argumentando con sabiduría que “la fe es de un solo color”, según reseñó El Tiempo. Con este gesto, Toca no solo unificó su imagen arquitectónica, sino que envió un mensaje de reconciliación y unidad en una región marcada históricamente por polarizaciones.

Hoy, Toca se perfila como un destino imperdible para el turismo boyacense. Su plaza central, con las dos iglesias como eje simbólico, invita a reflexionar sobre cómo la arquitectura religiosa puede contar historias de división y, al mismo tiempo, de superación. A esto se suman sus festividades anuales —en honor al Santísimo Sacramento, al Divino Niño, a la Virgen del Carmen o a Santa Bárbara—, sus paisajes de tranquilidad y una tierra fértil habitada por gente trabajadora y hospitalaria.

En un país donde el turismo religioso cobra cada vez más fuerza, Toca representa un ejemplo valioso: un pueblo que conserva su esencia histórica sin caer en el folclor simplista, que transforma sus mitos en oportunidades de encuentro y que, desde su “grandeza” ancestral, sigue invitando a los visitantes a descubrir que la verdadera belleza radica en la diversidad unificada por valores compartidos.

Visitar Toca no es solo recorrer un municipio más de Boyacá; es conectar con una página viva de la Colombia profunda, donde dos torres blancas en una misma plaza siguen recordándonos que, más allá de colores o banderas del pasado, lo que perdura es la fe y la identidad colectiva.

(Fuente: Semana).

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