Las cifras presentadas por Telefónica este 24 de febrero de 2026 impactan por su magnitud: 4.318 millones de euros en pérdidas netas durante 2025, equivalentes a US$5.087 millones, las más elevadas en 23 años desde la crisis de las licencias UMTS en 2002. Sin embargo, detrás de este titular negativo se esconde una operación de reestructuración profunda que, aunque dolorosa en lo contable, apunta a una compañía más ágil y enfocada en sus mercados clave.
El grueso de los números rojos —2.269 millones de euros— proviene de las minusvalías por la salida acelerada de filiales en Hispanoamérica (Argentina, Perú, Ecuador y Uruguay), tratadas como operaciones discontinuadas. A ello se suman 2.049 millones por costes de reestructuración, incluyendo los siete expedientes de regulación de empleo (ERE) en diversas filiales. Si se aíslan estos impactos extraordinarios y se miran solo las operaciones continuadas —es decir, el negocio recurrente que permanece en el grupo—, el resultado arroja un beneficio de 2.122 millones de euros, aunque con una caída del 19% interanual.
Este saneamiento masivo refleja la estrategia impulsada por Marc Murtra en su primer año completo al frente: reducir exposición a mercados volátiles de América Latina, optimizar la asignación de capital y priorizar un flujo de caja libre más predecible. Las ventas de activos en la región, junto con el ajuste de plantilla, han permitido concentrar recursos en España, Brasil, Alemania y Reino Unido, donde los márgenes EBITDA se mantienen sólidos (45% en Brasil, 37,1% en España, por ejemplo) y el crecimiento orgánico muestra signos alentadores.
Los ingresos totales del grupo alcanzaron 35.120 millones de euros, con un avance del 1,5% en términos constantes pese a la contracción del perímetro. Destaca el desempeño de Brasil (crecimiento de ingresos y EBITDA en moneda local) y España, que registra su mejor año comercial desde 2018 y supera los 13.000 millones en ingresos por primera vez desde 2013. Además, Telefónica Tech avanza a paso firme con un alza del 18,9% en ingresos, evidenciando el potencial en servicios digitales, ciberseguridad e inteligencia artificial.
Murtra transmite optimismo calculado: “Hemos tomado decisiones difíciles pero necesarias para ser más fuertes y crecer más rápido”. La hoja de ruta para 2026 refuerza esa narrativa: crecimiento de ingresos y EBITDA ajustado entre 1,5% y 2,5%, flujo de caja operativo por encima del 2%, capex en torno al 12% de los ingresos y un flujo de caja estimado en 3.000 millones de euros, todo orientado a reducir deuda hacia los objetivos de 2028.
En el corto plazo, la foto es dura: tres años consecutivos en rojo y un dividendo ajustado a la baja. Pero el mensaje subyacente es de transformación. Telefónica apuesta por consolidarse como operador digital europeo de referencia, con liderazgo en fibra (74,3 millones de hogares FTTH) y cobertura 5G elevada en sus mercados core. Si logra ejecutar sin tropiezos las oportunidades de consolidación en Europa que menciona Murtra, estas pérdidas podrían quedar como el precio pagado por una reconversión exitosa.
Fuente: La República (basado en información de Expansión).
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