Opinión: Mi Buñuelo, un legado paisa que resiste la tentación de la innovación

La historia de Mi Buñuelo, contada por El Colombiano, es un ejemplo clásico del emprendimiento antioqueño: una familia que, hace casi 40 años, transformó el “rebusque” en una marca consolidada con ocho puntos de venta propios en Medellín. Leonel Escobar y sus hermanos empezaron en una tiendita de barrio en Belén, vendiendo de todo menos buñuelos, hasta que el producto estrella –inspirado en la receta de su madre Margarita con queso costeño– se convirtió en el centro del negocio. El nombre surgió de forma orgánica, de los niños del colegio cercano que pedían “mi buñuelo”, y hoy es un referente en el imaginario paisa.

Lo que más admiro de esta franquicia familiar es su resistencia a las modas. Mientras otras buñuelerías experimentan con rellenos de arequipe, mora o mozzarella, Mi Buñuelo se mantiene fiel al buñuelo tradicional: fresco, crujiente por fuera, suave por dentro, sin adornos innecesarios. “Aquí no sale un buñuelo frío. Si no hay, se para la venta”, dice Escobar, y esa filosofía de calidad sobre cantidad explica por qué clientes de todos los estratos hacen fila en puntos como el emblemático de Rosales (carrera 70 #32-66), que ya cumple 35 años.

Sobrevivieron la pandemia reinventándose con domicilios, generan empleo directo (hasta 24 personas en temporada alta en un solo local) y ahora el relevo generacional, con hijos como Sebastián incorporando marketing digital sin perder la esencia. En diciembre, cuando la demanda explota –pasan de 1.500 a 5.000 buñuelos diarios–, demuestran que la tradición bien hecha sigue teniendo mercado, incluso frente a cadenas que multiplican ventas con innovaciones.

En un Medellín lleno de opciones rápidas y rellenas, Mi Buñuelo recuerda que lo simple, hecho con constancia y receta guardada celosamente, puede durar décadas. Es un orgullo paisa que no necesita reinventarse para seguir siendo el favorito.

(Fuente: El Colombiano)

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