Opinión: La ciencia que resiste al olvido

A 50 años del golpe militar que sumió a Argentina en la dictadura más oscura de su historia, un equipo de científicos sigue entregando lo que la represión intentó borrar para siempre: nombres, identidades y respuestas a familias que llevan medio siglo esperando.

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), creado en 1984, logró en 2025 identificar los restos de 12 personas detenidas-desaparecidas en el centro clandestino La Perla, en Córdoba. Entre ellos está Mario Alberto Nívoli, secuestrado en 1977 cuando su hija Soledad tenía apenas cuatro meses. Casi cinco décadas después, la ciencia devolvió a esa familia un pedazo de verdad que parecía imposible.

Con métodos que combinan arqueología, antropología física y genética forense, el EAAF ha recuperado más de 1.600 restos en Argentina y ha identificado a cientos de ellos. Su trabajo no se limita al pasado nacional: hoy es referente mundial en más de 50 países, desde casos de apartheid en Sudáfrica hasta migrantes desaparecidos en la frontera con Estados Unidos o víctimas de narcotráfico y violencia en México.

Silvana Turner, antropóloga del equipo desde 1988, lo resume con claridad: “El objetivo primero, siempre, es poder dar una respuesta a un familiar que está buscando a su ser querido”. Esa frase desnuda la grandeza y la humildad de una labor que transforma huesos anónimos en historias con rostro, familia y memoria.

Soledad Nívoli lo expresó con emoción contenida: “La gratitud es infinita. Era del orden de lo imposible, pero con sus investigaciones pudieron encontrar a mi papá”. Su testimonio resume lo que significa para miles de familias argentinas que aún buscan: la certeza de que el Estado terrorista no logró su objetivo final de desaparecer también el dolor y la demanda de justicia.

En medio de las conmemoraciones del 24 de marzo de 2026, mientras se debaten en las calles y en el Congreso el valor de la memoria, verdad y justicia, el trabajo silencioso del EAAF recuerda que la reparación no es solo simbólica. Cada identificación es un acto de resistencia contra el olvido y un aporte concreto a la reconstrucción histórica.

La antropología forense no borra el horror de la dictadura, pero lo enfrenta con rigor científico y con una ética inquebrantable: los desaparecidos merecen un nombre, y sus familias, el derecho a enterrar a sus muertos. Medio siglo después, esa batalla sigue abierta. Y mientras haya científicos dispuestos a excavar la verdad, la Argentina que busca justicia tendrá una herramienta poderosa para no repetir su pasado más trágico.

Fuente: con información de CNN en español

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