OPINIÓN: ¿Estamos formando jóvenes que no saben decidir? La urgente alerta de la academia

En un país que aspira a insertarse en la economía del conocimiento y la innovación, una voz autorizada encendió las alarmas durante el foro SUMA: Skilled-Based Economy, realizado recientemente en Bogotá. Santiago José Castro Agudelo, rector del British International School de Barranquilla, planteó una pregunta incómoda pero necesaria: ¿estamos formando jóvenes capaces de tomar decisiones propias o estamos criando una generación que depende de otros para pensar?

La advertencia del directivo no surge del pesimismo, sino de una observación cruda de la realidad educativa colombiana. Mientras el discurso oficial y los foros internacionales se centran en habilidades digitales, inteligencia artificial y competencias para el siglo XXI, Castro Agudelo recordó que todo ese andamiaje se construye sobre cimientos débiles. “Estamos intentando construir sobre cimientos débiles”, afirmó, al señalar que un alto porcentaje de niños no comprende lo que lee, lo cual bloquea el desarrollo del pensamiento crítico y del criterio propio.

La consecuencia es previsible y ya se manifiesta: estudiantes que avanzan de grado sin dominar herramientas básicas como la lectura comprensiva, la escritura clara o el razonamiento lógico. Jóvenes que llegan a la universidad sin haber aprendido a decidir, a hacer preguntas profundas, a resolver conflictos o a autorregularse. El resultado, como lo evidencian los propios rectores universitarios, son cursos de lectoescritura en la educación superior: una clara señal de que el sistema falló en su etapa elemental.

Este fenómeno no solo afecta el rendimiento académico. Se traduce en adultos que tienen dificultades para argumentar con solidez, analizar información de manera independiente o asumir responsabilidad sobre sus elecciones. En otras palabras, estamos formando ciudadanos que, en lugar de ejercer autonomía, esperan que otros decidan por ellos.

La educación, en su esencia más profunda, no consiste en acumular información ni en entrenar habilidades técnicas aisladas. Su propósito central debe ser formar personas con poder de decisión. “Hay que aprender a decidir, no esperar que alguien lo haga por nosotros”, insistió Castro Agudelo. Esa capacidad de elegir con fundamento es la que distingue a un ciudadano libre de un individuo dependiente.

Frente a esta realidad, resulta urgente replantear prioridades. No se trata de abandonar la innovación ni las competencias del futuro, sino de entender que sin bases sólidas en comprensión lectora, pensamiento crítico y autonomía, todo lo demás se convierte en un espejismo. La economía basada en habilidades que tanto se promueve solo será posible si primero garantizamos que los jóvenes sepan leer, entender, analizar y, sobre todo, decidir.

La alerta lanzada por la academia en Bogotá no es un llamado al pasado, sino una invitación a corregir el rumbo antes de que sea demasiado tarde. La sociedad colombiana debe preguntarse con seriedad: ¿qué tipo de ciudadanos queremos formar? La respuesta que demos hoy definirá no solo la calidad de nuestra educación, sino la calidad de nuestra democracia y nuestro desarrollo en las próximas décadas.

Fuente: CityTV – El Tiempo

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