El sistema de llaves del Banco de la República, conocido como Bre-B, ha logrado en apenas cuatro meses lo que muchas iniciativas de pagos digitales tardaron años en soñar: cambiar el lenguaje cotidiano de los colombianos en el momento de pagar o transferir dinero.
Ya no se pregunta tanto “¿tienes Nequi?” o “¿tienes Daviplata?”. La frase que más se escucha hoy en taxis, tiendas de barrio, restaurantes y mercados informales es mucho más corta y neutra: “¿tienes llave?”. Ese giro lingüístico no es un detalle menor; es la prueba de que la interoperabilidad dejó de ser un concepto técnico para convertirse en un hábito masivo.
Con 99,2 millones de llaves registradas, 33,9 millones de clientes vinculados (59 % de la población adulta) y más de 390 millones de transacciones por $40 billones, el sistema ha demostrado una velocidad de adopción poco común en el sector financiero colombiano. El crecimiento de 400 % en llaves y 300 % en clientes en solo seis meses habla de un fenómeno que ya no depende de campañas publicitarias, sino de la utilidad real que perciben las personas.
Los grandes ganadores hasta ahora son claros: Bancolombia (20 billones sin contar Nequi), Davivienda (12,5 billones) y Banco de Bogotá (7,6 billones) capitalizan su enorme base de clientes y la confianza acumulada durante décadas. Pero lo más interesante no está solo en los líderes, sino en lo que está ocurriendo en la base: millones de cuentas de ahorro, cuentas de bajo monto y pequeños comercios ya operan con llaves. Eso significa inclusión real, no solo bancarización estadística.
El mensaje es contundente: la fragmentación de billeteras digitales que caracterizó la última década empieza a ceder terreno frente a un estándar común, público y de bajo costo. Para los usuarios, pagar o recibir dinero ya no depende de tener la aplicación “de moda” o la que más regala cupones; depende simplemente de tener una llave, sin importar en qué entidad esté alojada.
Por supuesto, el camino no está terminado. Todavía hay bancos grandes que apenas están entrando (Santander, por ejemplo) y otros con volúmenes muy bajos que deberán acelerar o resignarse a perder relevancia en el nuevo ecosistema. Pero la tendencia ya no es reversible.
En un país donde históricamente el efectivo y la desconfianza han sido los reyes del pago cotidiano, pasar de “¿tienes Nequi?” a “¿tienes llave?” en tan poco tiempo es mucho más que una mejora tecnológica: es un cambio cultural en cámara rápida.
Y todo indica que, en materia de pagos, el futuro ya llegó disfrazado de pregunta de tres palabras.
(Fuente: La Opinión)
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