La escalada bélica en Irán, iniciada el 28 de febrero con ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel que provocaron el cierre del Estrecho de Ormuz, ha desatado la mayor amenaza a la seguridad energética global de la historia reciente, según la Agencia Internacional de la Energía. El barril de petróleo Brent se acerca a los 110 dólares, con un salto del 50 % desde el inicio del conflicto, mientras el gas natural en Europa ha registrado alzas superiores al 50 %. Esta conmoción ha obligado a gobiernos de todos los continentes a implementar paquetes de medidas urgentes para contener el impacto en los precios de los combustibles y evitar una espiral inflacionaria que amenace con recesión mundial.
Según información de BBC News Mundo, los países asiáticos —que dependen en un 90 % del petróleo y gas que transita por Ormuz— han sido los más afectados. Filipinas declaró emergencia energética, duplicó los precios de gasolina y diésel, y recurrió a subsidios para transportistas junto con una semana laboral de cuatro días para funcionarios públicos. Sri Lanka optó por festivos los miércoles y racionamiento; Tailandia, Vietnam y Pakistán impulsaron teletrabajo, suspensión de viajes oficiales y horarios económicos en comercios.
En Europa, España aprobó un paquete de 5.700 millones de dólares con rebajas de IVA e impuestos a combustibles, gas y leña, además de ayudas directas a transportistas, ganaderos y pescadores. Alemania reguló las subidas de precios en gasolineras y descartó el regreso al gas ruso; Italia y Portugal aplicaron reducciones temporales de impuestos y sanciones a márgenes excesivos. Hungría, por su parte, impuso topes de precios y exigió a la Unión Europea levantar el veto al petróleo ruso.
En América Latina la respuesta ha sido heterogénea y refleja la delicada situación fiscal de varios países. Brasil eliminó impuestos temporales al diésel y estableció subvenciones a productores e importadores. México activó subsidios a gasolinas y diésel junto con acuerdos para fijar precios máximos. Colombia, en plena campaña presidencial tras la eliminación progresiva de subsidios, advirtió que podría realizar ajustes si los precios internacionales siguen subiendo. Chile enfrenta aumentos históricos —más del 30 % en gasolina y 60 % en diésel— y ha respondido con congelación de tarifas del transporte público en Santiago, subsidios al kerosene y ayudas focalizadas a transportistas, aunque sin cubrir plenamente el gas ni todas las demandas del sector.
Mientras tanto, Estados Unidos ha liberado reservas estratégicas, suspendido sanciones al petróleo iraní y ruso, y acelerado permisos de perforación para aumentar su producción interna.
Opinión: Esta crisis desnuda la fragilidad de un modelo energético mundial excesivamente dependiente de rutas geopolíticas inestables y de subsidios fiscales que, a largo plazo, resultan insostenibles para las arcas públicas. Los gobiernos latinoamericanos, en particular, enfrentan un dilema complicado: mantener subsidios generalizados arriesga el equilibrio fiscal y genera distorsiones de mercado, mientras que su eliminación abrupta —como se vio en Bolivia y Ecuador— desata protestas sociales y presiones políticas inmediatas.
La liberación masiva de reservas estratégicas (400 millones de barriles hasta ahora) y las medidas de emergencia sólo compran tiempo. La verdadera solución pasa por acelerar la diversificación energética, invertir en renovables con realismo técnico y económico, y reducir la vulnerabilidad ante shocks geopolíticos. Mientras tanto, los ciudadanos de la región sienten en el bolsillo el costo de una guerra lejana que, una vez más, demuestra cómo la inestabilidad en Oriente Medio termina golpeando las economías emergentes con especial crudeza.
Fuente: BBC News Mundo (Cecilia Barría).
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