Más de 50 años después: la NASA regresa a la Luna con Artemis II

Más de 50 años después de que el comandante Gene Cernan pronunciara las últimas palabras humanas en la superficie lunar el 14 de diciembre de 1972 —“Nos vamos como vinimos y, si Dios quiere, como regresaremos, con paz y esperanza para toda la humanidad”—, la humanidad está a punto de volver a las proximidades de la Luna con la misión Artemis II de la NASA.

Programada para un lanzamiento no antes de marzo de 2026 (con ventanas posibles entre el 6 y el 11 de marzo, y alternativas en abril), Artemis II enviará a cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch (NASA) y Jeremy Hansen (Agencia Espacial Canadiense)— en un vuelo de 10 días alrededor de la Luna, sin aterrizaje, pero marcando el primer viaje tripulado al entorno lunar desde Apollo 17.

¿Por qué ha tardado tanto este regreso? Según expertos citados por CNN en Español, la principal barrera ha sido la falta de voluntad política sostenida. Teasel Muir-Harmony, curadora de la Colección Apollo en el Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian, explica: “Se necesita mucha voluntad política para enviar humanos a la Luna. Se trata de inversiones nacionales extremadamente complejas, muy costosas e importantes. Debe ser una prioridad a largo plazo”.

Les Johnson, extecnólogo jefe de la NASA con más de 30 años en la agencia, detalla el patrón de cambios: “Cada cuatro u ocho años, la NASA ve alteradas total y radicalmente sus metas y objetivos de vuelos espaciales tripulados”. Desde la cancelación de Apollo por recortes presupuestarios, programas como el regreso lunar de George H.W. Bush (cancelado por Clinton), Constelación (Bush hijo), asteroides (Obama), objetivos lunares (Trump) y la continuidad bajo Biden —quien mantuvo el enfoque lunar— han sido interrumpidos o redirigidos. En el segundo mandato de Trump en 2026, se ha intensificado el impulso para superar a China en la nueva carrera espacial.

Además de la inestabilidad política, los desafíos técnicos son enormes: la Luna está a más de 400.000 km, y más de la mitad de los intentos de aterrizaje lunar han fallado históricamente. Recrear Apollo hoy no es viable: sus cadenas de suministro y expertos ya no existen, y sus computadoras eran menos potentes que un smartphone actual. Wayne Hale, exgerente del transbordador espacial, resume: “Lo que tenía de malo Apollo es que terminó”.

Artemis representa un avance significativo: la nave Orion tiene computadoras 20.000 veces más rápidas y 128.000 veces más memoria que las de Apollo; ofrece más espacio para una tripulación de cuatro (incluyendo ejercicio, entretenimiento y un baño real con privacidad, un gran salto desde las bolsas de plástico de Apollo). El programa busca no solo “banderas y huellas”, sino una presencia sostenible con infraestructura, hábitats y bases lunares a largo plazo.

El auge de la industria comercial (SpaceX, Boeing, Blue Origin) ha sido clave, con Elon Musk priorizando ahora una “ciudad autogenerada en la Luna”. La experiencia de la Estación Espacial Internacional (más de 25 años de presencia continua) y misiones robóticas como el Orbitador de Reconocimiento Lunar aportan datos sobre recursos como agua en los polos.

Geopolíticamente, Apollo respondió a la Guerra Fría y la competencia con la URSS. Hoy, EE.UU. rivaliza con China (que apunta a misiones tripuladas para 2030), pero promueve los Acuerdos Artemis (firmados por más de 60 países) para una exploración pacífica y sostenible, basada en el Tratado del Espacio de 1967.

Casey Dreier, de The Planetary Society, destaca: “Artemis es el programa lunar más exitoso que Estados Unidos ha tenido en décadas, porque aún existe”. Con Artemis II como prueba clave y Artemis III planeada para aterrizajes en 2028 o después, el regreso humano a la Luna se perfila como realidad inminente, impulsado por lecciones aprendidas, socios privados y una visión de permanencia lunar para la humanidad.


—CNN en Español—

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