Mientras el mundo acelera la transición hacia la movilidad eléctrica como estrategia clave contra el cambio climático, persisten dudas sobre su impacto inmediato en la calidad del aire que respiramos. Un nuevo estudio de la Universidad del Sur de California (USC), realizado por investigadores de la Escuela de Medicina Keck, aporta evidencia concreta: sí, los vehículos de cero emisiones (ZEV, que incluyen eléctricos y híbridos enchufables) ya están reduciendo la contaminación atmosférica en California, con beneficios medibles para la salud pública.
El trabajo, publicado en la revista The Lancet Planetary Health, analizó datos satelitales de alta resolución sobre dióxido de nitrógeno (NO₂) entre 2019 y 2023, junto con el aumento en el registro de ZEV en diferentes códigos postales del estado. Los resultados muestran que, por cada 200 vehículos de cero emisiones añadidos en un área, los niveles de NO₂ disminuyeron en un 1,1 %. El NO₂, generado principalmente por la combustión de combustibles fósiles en motores de gasolina y diésel, es un contaminante directamente relacionado con crisis de asma, bronquitis, enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares.
“El impacto inmediato en la calidad del aire es realmente importante porque también tiene un impacto inmediato en la salud”, explicó Erika García, autora principal del estudio y profesora asistente en la Keck School of Medicine de USC.
Por su parte, Sandrah Eckel, profesora asociada y coautora senior, destacó: “Nuestra investigación muestra que la transición de California hacia los coches eléctricos ya está generando diferencias medibles en la calidad del aire que respiramos”.
Aunque el beneficio por cada 200 vehículos es modesto (1,1 %), los expertos subrayan que se trata de una tendencia positiva y en crecimiento. Durante el período estudiado, la proporción de ZEV en el parque automotor de California pasó del 2 % al 5 %, y se espera que el aumento sostenido en ventas —junto con la renovación más rápida de estos vehículos (promedio de cambio cada 3,6 años frente a más de 12 años en los de combustión)— amplifique los resultados en los próximos años.
El estudio refuerza que la vejez del parque automotor sigue siendo una de las principales fuentes de contaminación urbana y enfermedades respiratorias. En contextos como Colombia, donde ciudades como Bogotá enfrentan altos niveles de material particulado y NO₂ por el tráfico vehicular, estos hallazgos podrían servir de referente para políticas de incentivo a la electrificación, aunque los beneficios dependen también de la matriz energética (en California es relativamente limpia) y de una adopción equitativa que beneficie a las comunidades más vulnerables cercanas a vías de alto tráfico.
A pesar de los avances, los investigadores advierten que los números positivos no son tan altos como algunos esperaban en etapas tempranas de la transición, pero confirman que los vehículos eléctricos ya entregan un “dividendo de aire limpio” real y medible, no solo proyecciones futuras.
—Fuente:Revista Semana—
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