En medio del conflicto armado entre Irán, Estados Unidos e Israel, el régimen de Teherán ha desplegado herramientas de guerra asimétrica para contrarrestar los bombardeos intensos de sus adversarios. La primera represalia cibernética contra una entidad estadounidense fue reivindicada el pasado 11 de marzo por el grupo hacktivista Handala Hack Team, mientras persisten las especulaciones sobre minas en el estrecho de Ormuz, arteria clave del comercio petrolero mundial.
Handala, colectivo pro-palestino con presuntos vínculos al Ministerio de Inteligencia iraní, asumió la autoría de un ciberataque masivo contra Stryker, gigante estadounidense de tecnologías médicas. Según la declaración del grupo en la red social X, la operación respondió al impacto de un misil Tomahawk estadounidense en una escuela en Minab, sur de Irán. Los hackers afirmaron haber inutilizado cerca de 200.000 ordenadores, servidores y dispositivos móviles corporativos, además de extraer grandes volúmenes de “datos críticos”.
Varios medios occidentales confirmaron interrupciones globales en las operaciones de Stryker, con decenas de filiales afectadas. Expertos en ciberseguridad consultados coinciden en que se trató de una acción de oportunidad, probablemente aprovechando una vulnerabilidad ya conocida, más que una operación de alto nivel técnico. “Este tipo de colectivos hacktivistas actúan con rapidez porque evitan la burocracia de los grupos estatales más sofisticados”, explicó Matthias Schulze, del Instituto de Investigación sobre Paz y Seguridad de la Universidad de Hamburgo.
Gerôme Billois, analista del gabinete Wavestone, minimizó el impacto estratégico: “No produce el efecto de una bomba, pero sirve para enviar un mensaje de capacidad y disposición iraní en el ciberespacio”. Se espera que grupos más avanzados, vinculados directamente a los Guardianes de la Revolución o al Ministerio de Inteligencia, escalen sus acciones en las próximas fases.
Paralelamente, el estrecho de Ormuz se ha convertido en el instrumento asimétrico más disruptivo. Irán ha amenazado con bloquear por completo el paso —por donde transita alrededor del 20 % del petróleo mundial— y elevar el precio del barril hasta 200 dólares. Fuentes de inteligencia estadounidenses acusaron a Teherán de haber comenzado a colocar minas submarinas, aunque el régimen lo niega categóricamente.
Analistas como Veronika Hinman, de la Universidad de Portsmouth, destacan que “incluso la mera sospecha de minas genera un efecto disuasorio duradero: ningún armador arriesgará buques mientras persista la incertidumbre”. Dirk Siebels, experto en seguridad marítima de Risk Intelligence, añadió que el control iraní mediante misiles y drones ya basta para paralizar el tráfico, sin necesidad de minado físico, que implicaría riesgos elevados para sus propias fuerzas.
La estrategia de prolongar el conflicto juega a favor de Irán. “Teherán acepta pagar un costo económico alto porque el daño a sus enemigos y a la economía global es aún mayor”, señaló Hinman. La escalada de precios del crudo afecta a terceros países, que podrían presionar a Washington para negociar un cese de hostilidades, especialmente ante las elecciones de medio término en Estados Unidos en noviembre de 2026.
Hasta el momento, solo Hezbolá ha entrado activamente en combate contra Israel desde Líbano, mientras que milicias pro-iraníes en Yemen (hutíes) e Irak permanecen en reserva. La pregunta central, según los especialistas, es si Téhéran aguarda el momento oportuno o enfrenta dificultades para coordinar a sus aliados regionales.
(Fuente: France 24)
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