El clásico del fútbol colombiano entre Atlético Nacional y América de Cali no empezó cuando el árbitro pitó el inicio: ¡empezó mucho antes! Desde los primeros minutos de la previa, el estadio Atanasio Girardot se convirtió en un hervidero de pasión verdolaga.
La hinchada local, fiel e inquebrantable, preparó una de esas entradas que marcan época. En el momento exacto de la salida de los equipos al gramado, los aficionados ‘verdolagas’ desataron todo su poderío: banderas verdes gigantes ondeando sin parar, trapos enormes desplegados cubriendo sectores enteros de las tribunas, y un canto ensordecedor y constante que retumbaba en cada rincón del coloso antioqueño.
El ambiente era simplemente eléctrico. Un rugido colectivo que no dejaba lugar a dudas: aquí, en el Atanasio, Atlético Nacional cuenta con el respaldo absoluto de su gente. Cada paso de los jugadores hacia el centro del campo iba acompañado por esa energía desbordante, como si las gradas mismas empujaran al equipo. El colorido verde inundó la vista, la intensidad subió de nivel y la temperatura del partido se elevó desde los actos protocolarios.
Esta postal típica de los grandes clásicos del fútbol colombiano demuestra una vez más por qué la afición juega un papel tan decisivo: transforma un estadio en un verdadero fortín inexpugnable, intimida al rival y motiva hasta el último segundo a los futbolistas en la cancha. El Atanasio Girardot ya era el gran protagonista antes de que el balón rodara, poniendo el escenario perfecto para otra edición cargada de historia, rivalidad y emociones entre dos de los clubes más importantes del país.
La pasión verdolaga no se apaga nunca, y noches como esta lo confirman: cuando la hinchada está así, todo es posible.
—Fuente:Win Sports—
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