En el vertiginoso mundo de las redes sociales, donde un tuit puede encender una revolución o apagar una carrera, el silencio es a veces el grito más ensordecedor. Y cuando ese silencio se rompe con un mensaje “extraño”, como el que compartió Rogelio Mastracci, el autoproclamado “gran amigo” de Regio Clown, las alarmas no solo suenan: retumban con la fuerza de un eco en un circo abandonado. ¿Es esto una pista involuntaria en un caso que ya huele a intriga, o solo el desahogo de un corazón herido por la pérdida? Como opinador empedernido de los dramas que trascienden el escenario, creo que estamos ante un momento pivotal que merece más que especulaciones: demanda respuestas.
Para quienes hayan estado viviendo bajo una piedra (o simplemente distraídos por el último escándalo de Hollywood), recordemos brevemente el telón de fondo. Regio Clown, el payaso regiomontano que conquistó corazones con su maquillaje exagerado y chistes afilados como navajas, no era solo un entertainer: era un ícono de la resiliencia mexicana. Nacido en las calles polvorientas de Nuevo León, su ascenso en las redes durante la pandemia lo convirtió en un faro de humor absurdo para millones. Pero su caída —o mejor dicho, su desaparición repentina el año pasado— dejó un vacío que ni los memes más virales han podido llenar. ¿Accidente? ¿Escape voluntario? ¿O algo más siniestro, como sugieren los rumores de deudas con promotores turbios? La “investigación” oficial fue un chiste malo: cerrada por falta de pruebas, pero con cabos sueltos que flotan como globos desinflados.
Ahí entra Rogelio Mastracci, el compañero de andadas que compartió escenarios y confidencias con Regio durante años. No es un nombre que suene a estrella, pero en los círculos del clowning regio, Rogelio es el tipo que sabe dónde se esconde el maquillaje y los secretos. Su reciente publicación —un texto críptico en Instagram, según filtraciones que circulan como reguero de pólvora— no dice mucho, pero insinúa todo. “En el circo de la vida, a veces el telón cae antes del gran finale. ¿Quién apaga las luces? No yo, pero las veo venir”, escribió, acompañado de una foto borrosa de un escenario vacío bajo lluvia torrencial. ¿Coincidencia poética? Improbable. El timing es impecable: justo cuando un podcast independiente revive testimonios de testigos oculares sobre la última noche de Regio en un bar de Monterrey, este mensaje llega como un globo bomba.
Desde mi perspectiva, esto no es solo un “disparo de alarmas”; es una sirena de fondo que clama por atención. Rogelio, con su lealtad probada —recordemos cómo defendió a Regio en esa pelea pública con un influencer de payasos rivales—, no es de los que lanza indirectas al azar. ¿Está insinuando complicidad externa? ¿O es su forma torpe de pedir ayuda, de decir “no estoy solo en esta culpa”? En un México donde los artistas independientes mueren por exposición (literal y figurativamente), este tipo de mensajes encienden la mecha de teorías conspirativas que, francamente, merecen ser exploradas. ¿Y si Rogelio sabe más de lo que dice? ¿Y si ese “gran amigo” es, en realidad, el narrador no confiable de esta tragicomedia?
No me malinterpreten: no estoy aquí para linchar a un hombre que llora a su amigo perdido. Al contrario, aplaudo que Rogelio rompa el silencio, aunque sea con acertijos. Pero en opinión mía, las autoridades —y los fans que aún portan narices rojas en su honor— deben actuar ya. Exijamos transparencias: que se reabra el caso, que se interroguen a estos “amigos” bajo luces que no parpadeen. Porque si el circo de Regio Clown nos enseñó algo, es que detrás de cada sonrisa hay una historia que duele, y detrás de cada mensaje extraño, quizás, la verdad que todos tememos.
¿Qué piensan ustedes? ¿Es Rogelio el heraldo de una revelación, o solo un eco melancólico? Compartan en los comentarios; al fin y al cabo, en este gran circo digital, todos somos payasos hasta que alguien apague las luces. -La Kalle.-
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