Casa Blanca demuele búnker secreto de 1941 para nuevo salón de baile de Trump

Impresionantes imágenes aéreas revelan el antes y después de la demolición del Ala Este de la Casa Blanca, donde se ocultaba un búnker subterráneo secreto construido en 1941 bajo el mandato de Franklin D. Roosevelt como refugio antiaéreo tras Pearl Harbor.

La demolición, iniciada en octubre de 2025, eliminó no solo la estructura histórica —incluyendo la Columnata Este y oficinas usadas por primeras damas—, sino también las instalaciones subterráneas obsoletas, entre ellas el Centro de Operaciones de Emergencia Presidencial (PEOC), un complejo fortificado tipo “submarino” con sistemas independientes de energía, agua, aire filtrado y comunicaciones seguras, diseñado para resistir explosiones nucleares o ataques masivos.

El PEOC, evolucionado de un simple refugio a un centro de mando y control, fue utilizado en momentos clave: el vicepresidente Dick Cheney fue evacuado allí durante los atentados del 11-S (2001), donde autorizó acciones contra United 93; la administración Nixon lo usó para proyectar una película considerada pornográfica; y el expresidente Joe Biden lo empleó para planificar su viaje secreto a Ucrania.

Según fuentes familiarizadas con el proyecto citadas por CNN, “con alto grado de certeza” todas las estructuras subterráneas —incluyendo el PEOC, sistemas de HVAC, instalaciones de la Oficina Militar de la Casa Blanca y del Servicio Secreto— han sido desmanteladas. El espacio, descrito como “una tumba” o “submarino complejo de los 40”, ya no existe en su forma original.

La demolición forma parte de la ambiciosa construcción de un nuevo y extenso salón de baile ordenado por el presidente Donald Trump, con un costo estimado que ha escalado de 200 a 400 millones de dólares (sin incluir la parte subterránea). El proyecto, de unos 89.000 pies cuadrados (8.361 m²), incluirá un salón principal de 22.000 pies cuadrados para 1.000 invitados, oficinas para la primera dama, cine, cocina comercial y una gran escalera. Trump ha enfatizado que el salón de baile será financiado por donantes privados, pero la infraestructura de seguridad subterránea correrá a cargo de fondos públicos.

El director de Gestión y Administración de la Casa Blanca, Joshua Fisher, justificó ante la Comisión Nacional de Planificación de la Capital (NCPC) que aspectos del proyecto son “alto secreto” y requieren trabajo subterráneo clasificado, lo que explica la falta de aprobación previa para la demolición. En una presentación judicial reciente, la Casa Blanca argumentó que detener la obra subterránea “pondría en peligro la seguridad nacional”, respaldado por una declaración clasificada.

Expertos como el exagente del Servicio Secreto Jonathan Wackrow indican que el nuevo búnker será rediseñado con tecnología moderna para enfrentar amenazas actuales y futuras: explosiones nucleares, ataques químicos/biologicos, pulsos electromagnéticos o ciberataques, manteniendo redundancias de seguridad (otros sitios protegidos existen). El Ejército, el Servicio Secreto, la Oficina Ejecutiva del Presidente, Clark Construction y Shalom Baranes Architects participan en la ejecución.

La obra ha generado controversia: críticas por impacto histórico, demandas de preservacionistas (algunas rechazadas), y debates sobre costos y secretismo. La construcción

—Fuente:CNN En Español—

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