La operación militar estadounidense en Caracas, que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores en la madrugada del 3 de enero de 2026, ha generado un profundo impacto en la dinámica de seguridad de la frontera colombo-venezolana. Este evento histórico, que incluyó ataques aéreos y la intervención de fuerzas especiales de élite como Delta Force, no solo marcó el fin del régimen de Maduro —acusado de narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína a Estados Unidos—, sino que también desestabilizó el santuario que Venezuela representaba para grupos armados ilegales colombianos.
Durante años, el régimen de Maduro proporcionó protección, logística y retaguardia a cabecillas del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y disidencias de las antiguas Farc, permitiéndoles operar con relativa impunidad en territorio venezolano. Entre los más destacados figura Luciano Marín Arango, alias ‘Iván Márquez’, líder de la Segunda Marquetalia, quien sobrevivió a operativos previos y mantenía su base principal al otro lado de la frontera, junto a alias ‘John 40’. Otros nombres clave incluyen a alias ‘Pablito’ (Gustavo Aníbal Giraldo), jefe del Frente de Guerra Oriental del ELN, y alias ‘Antonio García’, del Comando Central (Coce).
Informes de inteligencia militar colombiana indican que, ante la pérdida de esta protección estatal, estos jefes guerrilleros han iniciado un éxodo silencioso y estratégico hacia Colombia. Los movimientos se concentran en zonas como el Catatumbo, Arauca, Vichada y Casanare, donde se disputan el control de rutas de narcotráfico y economías ilegales con otras estructuras, como las disidencias lideradas por ‘Iván Mordisco’. Se estima que más de 6.000 integrantes del ELN operan en la frontera, con cientos de cabecillas identificados cruzando hacia territorio nacional para reorganizar sus redes.
Las Fuerzas Militares de Colombia han elevado su nivel de alerta máxima, desplegando miles de uniformados y activando planes especiales para neutralizar posibles amenazas. Este repliegue podría intensificar confrontaciones internas entre grupos armados y generar nuevos desplazamientos forzados en regiones ya afectadas por el conflicto.
La caída de Maduro confirma los vínculos históricos entre su régimen y estas organizaciones, denunciados en indictments estadounidenses que los señalan como parte de una red de narcoterrorismo. Para Colombia, representa tanto un alivio por la disrupción de estas alianzas transfronterizas como un desafío inmediato en materia de seguridad.
(Fuente: BluRadio)
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