Nota de punto de vista: Un tratado mundial sobre los plásticos, una oportunidad crucial para enfrentar la crisis ambiental

La reanudación de las negociaciones en Ginebra para un tratado mundial sobre los plásticos (INC-5.2) representa un momento decisivo para abordar una de las crisis ambientales más urgentes de nuestro tiempo. La contaminación por plásticos, con sus devastadores impactos en el medio ambiente y la salud humana, exige un acuerdo internacional jurídicamente vinculante que aborde el problema en toda su magnitud. Sin embargo, para que este tratado sea efectivo, debe superar obstáculos significativos, como la influencia de los grupos de presión de la industria petroquímica y las posturas de países que priorizan soluciones limitadas, como la gestión de residuos, en lugar de medidas integrales.

El consenso científico es claro: el tratado debe adoptar un enfoque de ciclo de vida completo, desde la producción hasta la eliminación, con metas concretas para reducir la producción de plástico y eliminar progresivamente los productos químicos tóxicos. Las evidencias sobre los riesgos de los microplásticos y nanoplásticos, que se han detectado en el cuerpo humano, desde el cerebro hasta la leche materna, subrayan la necesidad de salvaguardas sanitarias globales. Como destaca la Dra. Cressida Bowyer, del Revolution Plastics Institute, la protección de la salud humana debe ser una prioridad central del tratado.

Además, el comercio, como pilar de la economía de los plásticos, debe ser una herramienta de transformación. Según la profesora Maria Ivanova, integrar regulaciones comerciales en el tratado es esencial para desmantelar la arquitectura que perpetúa la crisis. Sin embargo, la presencia de 220 grupos de presión de combustibles fósiles en las negociaciones previas en Busan demuestra el desafío que enfrentan los negociadores. Informes de Greenpeace revelan cómo gigantes petroquímicos como ExxonMobil y Shell han trabajado para debilitar el tratado, promoviendo soluciones ineficaces como el reciclaje químico mientras incrementan la producción de plásticos.

Para que el tratado sea transformador, los gobiernos deben priorizar la ciencia sobre los intereses corporativos, excluyendo a los grupos de presión de la industria y evitando compromisos voluntarios que carecen de impacto. Como señala el profesor Steve Fletcher, esta es la última oportunidad para actuar con valentía. Un tratado ambicioso, con límites obligatorios a la producción y medidas estructurales sólidas, no solo es posible, sino imprescindible para proteger el planeta y la salud de las generaciones futuras.

—Fuentes: Euronews Green, 6 de agosto de 2025; Revolution Plastics Institute; Greenpeace Reino Unido; Centro de Derecho Ambiental Internacional (CIEL).—