La restricción de móviles en los institutos de Madrid: una medida bajo el escrutinio adolescente

En la Comunidad de Madrid, el curso escolar 2025-2026 ha traído consigo un cambio significativo en los centros educativos: la eliminación del uso individual de dispositivos digitales en educación infantil y primaria, y una creciente tendencia hacia la restricción de móviles en secundaria. Esta medida, regulada por un nuevo decreto, deja en manos de los institutos la decisión sobre el uso de teléfonos según la edad y madurez de los estudiantes, lo que ha generado un debate entre alumnos, docentes y familias.

En el instituto Las Musas, ubicado en San Blas-Canillejas, los estudiantes pueden llevar sus móviles, pero deben mantenerlos en silencio, incluso durante el recreo. Su uso pedagógico es limitado, ya que los ordenadores han tomado protagonismo en las aulas. En contraste, el instituto San Isidro, en el distrito Centro, ha implementado una política de “centro libre de móviles”, solicitando a los padres que sus hijos no lleven dispositivos al colegio. Para quienes los traigan, se ofrecen bolsas magnéticas que bloquean el acceso al teléfono durante la jornada escolar, garantizando una desconexión total.

Estudiantes como Martina Fresno, Pablo Carneros, Mateo Lamas y Lucas Pérez, de tercero y cuarto de la ESO en Las Musas, compartieron sus perspectivas con EL PAÍS. Mientras Carneros ve el móvil como una herramienta útil para consultas rápidas o actividades interactivas, Fresno y Lamas lo consideran una fuente de distracciones y desigualdades, ya que no todos los alumnos tienen acceso a un smartphone. “Utilizar el teléfono como herramienta pedagógica no es lo más democrático”, afirma Fresno, destacando que en su clase de 25 estudiantes, siete no tienen móvil.

Las normas en Las Musas son estrictas: el uso no autorizado del móvil se considera una falta leve, y reincidir puede llevar a sesiones formativas o incluso a una expulsión de dos días. Los estudiantes coinciden en que las restricciones reducen conflictos, como fotos no consentidas o insultos en chats, pero también piden coherencia: “Los profes también deben cumplir la norma”, señalan, criticando a docentes que usan sus móviles en clase para tareas no relacionadas.

Víctor Barbero, director de Las Musas, subraya la importancia de acompañar a los alumnos en el uso responsable de la tecnología, promoviendo el acceso a ordenadores portátiles. Por su parte, Isabel Galvín, profesora en San Isidro, defiende que estas medidas, respaldadas por familias y el consejo escolar, combaten el aislamiento y protegen la salud mental de los adolescentes, además de reducir la brecha digital asociada a desigualdades socioeconómicas.

Los alumnos valoran los recreos sin pantallas, que fomentan la interacción directa. “Estar con los amigos es lo mejor”, dice Carneros. Sin embargo, también proponen talleres para aprender a usar la tecnología de forma consciente, preparándolos para un futuro laboral y universitario cada vez más digital. Esta transición hacia entornos educativos con menos móviles refleja un esfuerzo por equilibrar la tecnología y el humanismo, recuperando patios llenos de risas, charlas y juegos, como antaño. -El País-

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