Dos atentados simultáneos agravan la crisis de seguridad en Colombia y desafían al Estado

Cali y Antioquia, epicentros de la violencia: Un ataque con explosivos en una base militar en Cali y el derribo de un helicóptero policial en Antioquia, atribuidos a disidencias de las FARC, dejan un saldo de 18 muertos y evidencian el recrudecimiento del conflicto armado en el país.

En la mañana de este jueves, un camión bomba explotó cerca de la Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suárez en Cali, dejando seis víctimas fatales, entre ellas dos civiles, y múltiples heridos. Horas antes, en Amalfi (Antioquia), un helicóptero de la Policía fue derribado por un dron mientras realizaba un operativo de erradicación de cultivos ilícitos, causando la muerte de los 12 agentes a bordo. Ambos ataques, atribuidos a las disidencias de las FARC lideradas por alias Iván Mordisco, han intensificado la percepción de inseguridad en Colombia y puesto en jaque la capacidad de respuesta del Estado.

Una escalada de violencia sin precedentes recientes
Estos atentados marcan un punto de inflexión en la dinámica del conflicto colombiano. Si bien la violencia armada solía concentrarse en zonas rurales como el Cauca, Putumayo o el Catatumbo, el ataque en Cali –una de las principales ciudades del país– evidencia la audacia de los grupos armados para operar en entornos urbanos. Este hecho recuerda los años más oscuros del conflicto, como los atentados de las FARC a inicios del siglo o la guerra de Pablo Escobar contra el Estado en los 90. Sin embargo, desde la firma del Acuerdo de Paz en 2016, que desmovilizó a las FARC, el terrorismo urbano había disminuido significativamente, lo que hace que estos eventos sean particularmente alarmantes.

El presidente Gustavo Petro calificó el ataque en Cali como una “reacción terrorista” en respuesta a la ofensiva militar ordenada por su Gobierno en el cañón del río Micay, una zona estratégica para el narcotráfico controlada por el frente Carlos Patiño de las disidencias. “Tras la derrota de la columna Carlos Patiño, con la pérdida de buena parte del cañón del Micay, tenemos esta reacción en Cali”, afirmó Petro en su cuenta de X. Por su parte, la ministra de Defensa encargada, Ana Catalina Cano, anunció que las disidencias de Iván Mordisco, el Clan del Golfo y la Segunda Marquetalia serán consideradas “organizaciones terroristas” y perseguidas por delitos contra la humanidad.

El desafío de los drones y la debilidad aérea del Estado
El derribo del helicóptero en Antioquia pone en evidencia una nueva amenaza: el uso de drones por parte de los grupos armados. Según reportes, un dron impactó el rotor de cola de la aeronave, causando su caída. Este incidente resalta la vulnerabilidad de la flota aérea colombiana, que históricamente fue un pilar en la lucha contra las guerrillas. Expertos como Jorge Mantilla han señalado que cerca del 60% de los helicópteros militares y policiales están fuera de servicio por problemas de mantenimiento, obsolescencia o falta de combustible, una situación agravada por sanciones internacionales que afectan el mantenimiento de aeronaves de origen ruso.

Un conflicto en expansión
La violencia en Colombia no solo se intensifica, sino que se diversifica. El Comité Internacional de la Cruz Roja identifica al menos ocho conflictos activos en el país, impulsados por la proliferación de grupos armados que disputan rentas ilícitas como el narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión. Además de las disidencias de las FARC, el ELN y el Clan del Golfo han incrementado sus acciones, desafiando la autoridad del Estado. En enero, por ejemplo, el ELN lanzó una ofensiva con cientos de hombres contra una disidencia en el Catatumbo, mientras que el asesinato de un candidato presidencial, Miguel Uribe Turbay, subraya la audacia de estos grupos.

Reacciones y perspectivas
La sociedad colombiana, según encuestas recientes, señala la inseguridad como su principal preocupación, un sentimiento que no alcanzaba niveles tan altos desde antes del Acuerdo de Paz. Aunque la situación actual no llega a los extremos de los años 90 o 2000 –cuando se registraban cientos de masacres–, la tendencia al empeoramiento es clara. Los atentados de este jueves han reavivado el debate sobre la efectividad de las estrategias de seguridad del Gobierno y la necesidad de replantear los diálogos de paz con grupos como el Clan del Golfo, actualmente en negociaciones en Catar.

Mientras las autoridades trabajan en la identificación de los responsables y en la contención de la violencia, los colombianos enfrentan un panorama de incertidumbre. La guerra, que parecía replegada a las zonas rurales, ha regresado con fuerza a las ciudades, desafiando las esperanzas de un posconflicto que, para muchos, nunca llegó.

Fuentes: el Colombiano-

Emisora Fusaonline